¿CÓMO ERAN LAS REUNIONES EN LA IGLESIA PRIMITIVA?

Frank Viola 

iglesia primitiva 2A algunas instituciones se les permite crecer hasta volverse tan antiguas y venerables que la idea de descartarlas resulta impensable y sacrílega. F. F. Bruce
Toda la preocupación de la teología de la reforma consistió en justificar la restructuración de la iglesia organizada sin sacudir sus fundamentos. John Howard Yoder
Es cosa corriente para los cristianos hablar acerca de “ir a la iglesia”. Para ellos, esto implica asistir a un servicio religioso (de la iglesia).
Resulta interesante que, ni “ir a la iglesia” ni “servicios de la iglesia” sean expresiones que encontremos en el Nuevo Testamento. Ambas hicieron su aparición mucho después de la muerte de los apóstoles. La razón es simple: Los cristianos primitivos no habían elaborado ningún concepto semejante. No visualizaban a la iglesia como un lugar al que se pudiera ir. Ni tampoco consideraban sus encuentros como “servicios”.
Al leer el Nuevo Testamento con una mirada que intenta comprender la manera en que los cristianos primitivos se encontraban, se hace claro que tenían básicamente cuatro tipos de reuniones. Ellas eran:
  • Encuentros apostólicos. Estas eran reuniones especiales en las que los obreros apostólicos le predicaban a una audiencia interactiva. La meta era plantar una iglesia desde cero o alentar a alguna ya existente. Los doce apóstoles llevaban a cabo estas reuniones en los atrios del templo en la época del nacimiento de la iglesia en Jerusalén (Hechos 5.40-42). Pablo llevó a cabo el mismo tipo de reuniones en la escuela de Tirano cuando estableció la iglesia en Éfeso (Hechos 19.9-10; 20.27, 31). Las reuniones apostólicas muestran dos características principales. Una es que el obrero apostólico lleva a cabo la mayor parte del ministerio. La otra es que esas reuniones nunca son fijas y permanentes. Son temporales y apuntan a metas de largo alcance. Es decir, a equipar a un cuerpo local de creyentes para que funcionen bajo la conducción de Jesucristo sin la presencia de una cabeza humana (Efesios 4.11-16; 1 Corintios 14.26). Por esa razón, un apóstol siempre acaba dejando a la iglesia para que esa funcione por sí sola. (1)
  • Reuniones evangelísticas. Durante el primer siglo, la evangelización por lo general tenía lugar fuera del ámbito de los encuentros regulares de la iglesia. Los apóstoles predicaban el evangelio en aquellos lugares que eran frecuentados por los no creyentes. La sinagoga (en lo que se refería a los judíos) y el mercado 8en relación con los gentiles) estaban entre los lugares favoritos para evangelizar (Hechos 14.1; 17.1-33; 18.4, 19). Los encuentros evangelísticos eran planeados para el establecimiento de una nueva iglesia o para llevar a un crecimiento numérico a una iglesia ya existente. Esas reuniones se llevaban a cabo “por temporadas”. No constituían un programa permanente de la iglesia. El viaje de Felipe a Samaria es un ejemplo en cuanto a este tipo de reuniones (Hechos 8.5ss).
  • Reuniones para la toma de decisiones. En ocasiones una iglesia necesitaba reunirse para tomar alguna decisión importante. La reunión llevada a cabo en Jerusalén que se describe en Hechos 15 era de ese tipo. La característica principal de ese encuentro era que todos participaban del proceso de toma de decisiones, y los apóstoles y ancianos jugaban allí un rol de ayudadores. (Véase el capítulo 10 para más detalles).
  • Reuniones de la iglesia. Esos eran los encuentros regulares de la iglesia. Serian el equivalente del primer siglo a nuestros “servicios de la iglesia” del domingo a la mañana. Sin embargo, eran radicalmente distintos.
La reunión de la iglesia del primer siglo contaba con una asistencia principalmente formada por creyentes. El contexto de 1 Corintios del 11 al 14 lo hace claro. Aunque a veces había incrédulos presentes, ellos no marcaban el enfoque de la reunión. (En 1 Corintios 14.23-25, Pablo menciona como al pasar la presencia de no creyentes en la reunión).
A diferencia de las prácticas de hoy, esa no era una reunión en la que el pastor predicaba un sermón que todos los demás escuchaban pasivamente. La noción de un “servicio de la iglesia” estilo auditorio, enfocaba en el sermón y dirigido desde el púlpito hacia las bancas, les era ajena a los cristianos primitivos.
Edificación mutua
En el día de hoy, el “servicio eclesiástico” semanal apunta a la adoración, a escuchar un sermón, y en algunos casos a la evangelización. Pero en las iglesias del primer siglo el propósito rector de las reuniones de la iglesia era muy diferente. La finalidad era la edificación mutua. Consideremos los siguientes textos:
¿Qué concluimos, hermanos? Que cuando se reúnan, cada uno puede tener un himno, una enseñanza, una revelación, un mensaje en lenguas, o una interpretación. Todo esto debe hacerse para la edificación de la iglesia (1 Corinitos 14.26) (2)
Preocupémonos los unos por lo otros, a fin de estimularnos al amor y a las buenas obras. No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca (Hebreos 10.24-25)
 Las reuniones habituales de la iglesia previstas en las Escrituras permitirían participar a cada uno de los miembros en la edificación del cuerpo de Cristo (Efesios 4.16). No existía un liderazgo “obvio”. Nadie ocupaba un lugar central en el escenario.
A diferencia de lo que se practica hoy, la enseñanza en las reuniones de la iglesia no era presentada por la misma persona semana tras semana. En lugar de eso, todo miembro tenía un derecho, el privilegio y la responsabilidad de ministrar durante el encuentro. El aliento mutuo constituía el sello distintivo de estas reuniones. El “cada uno” era la característica más sobresaliente.
Además, cuando los cristianos adoraban a Dios a través del canto, no limitaban sus canticos a la dirección de un grupo de músicos profesionales. En lugar de eso, la reunión permitía que “cada uno” condujera una canción. O, según lo decía Pablo, “cada uno puede tener un himno” en ese encuentro (1 Corintios 14.26). Hasta las mismas canciones estaban marcadas por un elemento de mutualidad. Consideremos la exhortación de Pablo:
Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza: instrúyanse y aconséjense unos a otros con toda sabiduría; canten salmos, himnos y canciones espirituales a Dios, con gratitud de corazón (Colosenses 3.16)
Anímense unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales. Canten y alaben al Señor con el corazón. (Efesios 5.19)
 Otra vez, el “unos a otros” constituía el elemento dominante de la reunión de la iglesia primitiva.  Dentro de un formato tan abierto, los cristianos componían sus propias canciones de forma regular y las cantaban en las reuniones. (3)
De igual manera, cada cristiano que recibía algo para compartir de parte del Espíritu Santo tenía la libertad de entregarlo a través de su don singular. “Así y todos pueden profetizar por turno, para que todos reciban instrucción y aliento”, según lo dice Pablo (1 Corintios 14.31).
A medida que Pablo descorre la cortina, en 1 Corintios 11-14 vemos que en las reuniones de la iglesia del primer siglo cada miembro desempeña un papel activo. La libertad, la apertura y la espontaneidad constituían las señales distintivas de aquellas reuniones. El “unos a otros” se ve como el rasgo dominante, la edificación mutua es la meta principal.
Notas.
  1. Para acceder a un libro que rastree ese patrón, ver el de Frank Viola: The Untold Story of the New Testament Church, Destiny Image Publishers, Shippensburg, PA, 2005
  2. Algunos han sugerido que 1 Corintios 14.26 está señalando un problema. Pero esa interpretación es errónea. La mayoría de los exegetas de más alto nivel (F. F. bruce, Ben Witherington y Gordon Fee entre ellos) demuestran claramente que ese texto se refiere a lo que debería ser la norma. Es una exhortación y una “descripción de lo que debería estar sucediendo” en las reuniones en Corinto (tal como lo dice Gordon Fee). Luego, en el capítulo 14, Pablo rebobina un poco el caos que se produce en las reuniones, sin privarlas por ello de su naturaleza abierta y participativa.
  3. Algunos de los ejemplos son Filipenses 2.6-11; Colosenses 1.15-20; Efesios 5.14; y 1 Timoteo 3.16

TOMADO DE LA IGLESIA RECONFIGURADA, 2007, EDITORIAL VIDA. CAPITULO 2, PAG 49

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