DIEZ RAZONES PARA TENER IGLESIAS CASERAS (III)

José Nuñez Diéguez 

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(2) Intimidad y Rendimiento de Cuentas

La Palabra de Dios revela que una iglesia es una familia de Dios y que somos miembros de la familia de Dios (Ef 2:19, 1 Tim 3:15, Gál 6:10). Como la iglesia es una familia, todos tienen la responsabilidad hacia el cuidado de todos los miembros. Pablo escribió, “Si uno de los miembros sufre, los demás comparten su sufrimiento; y si uno de ellos recibe honor, los demás se alegran con él” (1 Co 12:26). ¿Cómo se supone que esto suceda en una iglesia si no estamos entrelazados juntos como una familia? ¿Cuántos creyentes están muriéndose espiritualmente de hambre debido a la falta de un buen compañerismo? Aunque nos reunimos juntos físicamente, ¿no hay un sentido de falta de intimidad y rendimiento de cuentas entre unos y otros? ¿Realmente estamos andando en amor con relaciones íntimas? Los primeros creyentes estaban tan cercanamente entrelazas juntos como familia, que fueron falsamente acusados de ser inmorales e incestuosos (porque se llamaban unos a otros hermanos y hermanas, tenían fiestas de amor y se saludaban unos a otros con un beso santo).

Existe una necesidad de cultivar una atmósfera de familia en la reunión de iglesia, más que un ambiente sobrio y formal. La iglesia no es un servicio religioso, sino una unidad familiar. ¿Ven los creyentes la iglesia como una familia, teniendo un sentir de que pertenecen a esa familia? ¿Hay una atmósfera familiar cuando nos reunimos juntos como iglesia? ¿No nos damos cuenta de la necesidad de enfatizar las relaciones y el compañerismo entre los unos y los otros? Pareciera que solo tenemos buenos servicios sin un genuino compañerismo. ¿Cómo podemos de manera práctica generar tal compañerismo íntimo cuando la iglesia se reúne? En un capítulo titulado ‘Small Is Beautiful’ (Pequeño es Bonito), el prolífico autor Robert Banks escribió, “El tener iglesia en casa nos permite llegar a conocer, amar y servirle a un grupo manejable de personas, quienes llegarán a conocernos, amarnos y servirnos también. En un grupo tal gradualmente podemos ir quitándonos las máscaras que cargamos en público y empezar a compartir nuestras debilidades, dudas y temores al igual que nuestras fortalezas, seguridades y habilidades. De esa manera empezamos a superar la irónica situación de ser menos abiertos y menos honestos en la iglesia que en otro sitio. En los grupos pequeños en casas aprendemos a dar y recibir, a enseñar y comprender, a llevar las cargas de los otros y recibir ayuda de los nuestros, a amar y ser amados. En tal grupo podemos convertirnos más como Cristo y apoyar a otros para volverse también más como Cristo. Al hacerlo así desarrollamos una actitud, un carácter y una manera de operar común parecida a Cristo. Nos integramos en Cristo más cercana y más firmemente.” [6]

En una comunidad pequeña, la intimidad y el rendimiento de cuentas se vuelve relativamente factible y viable. El nivel de la espiritualidad de cada uno se vuelve obvio en las pequeñas comunidades, permitiendo así más espacio para animarse unos a otros de manera que ninguno sea endurecido por el engaño del pecado (Heb 3:13). Podemos relacionarnos unos a otros íntimamente, conocernos unos a otros, compartir unos con otros, exhortarnos unos a otros y estimularnos unos a otros al amor y las buenas obras (Heb 10:24, 25). Gerald Oliver instaba a la iglesia, “Es tiempo de que todos se involucren en grupos pequeños que están unidos juntos por amor, que oran, estudian la Biblia, tienen compañerismo y en donde cada miembro rinde cuentas por las 168 horas de cada semana.”[7] El privilegio de excitar a la intimidad y al rendimiento de cuentas unos con otros puede practicarse muy bien en este tipo de comunidades pequeñas. Creemos que un lugar informal como una casa es un lugar efectivo para practicar todos los puntos mencionados anteriormente.

(3) La Cena del Señor

Michael Green apuntó que “comunión (esto es, la Cena del Señor) en aquellos días era mucho más una comida que lo que es hoy en día, y una oportunidad para mucha adoración y compañerismo informal. El tiempo de la comida era llamado un ágape, una fiesta de amor, y en tiempos posteriores cayó en desuso por causa del mucho abuso.” [8] Sin embargo, Pablo no le puso fin a la comida por causa del abuso en la iglesia de Corintio. En cambio, él les enseñó sobre la correcta participación en la Cena del Señor.[9] La Cena del Señor es una práctica significativa para la iglesia reunida porque dirige nuestro enfoque tanto hacia la relación vertical (recordatorio de la muerte del Señor y Su venida) como hacia la relación horizontal (compañerismo con los creyentes como familia).

Se destaca que la iglesia primitiva se reunía como una familia, celebrando la Cena del Señor en el contexto de una comida comunal de compañerismo, recordando la muerte del Señor, recordándole al Señor Su venida y regocijándose por unirles como un cuerpo y una familia. Con respecto a la Cena del Señor, J.I. Packer y Merrill C. Tenney escribieron en Illustrated Manners and Customs of the Bible (Maneras y Costumbres Ilustradas de la Biblia) que “los primeros cristianos tomaban la comida simbólica de la Cena del Señor para conmemorar la Última Cena, en la cual Jesús y Sus discípulos guardaron la fiesta tradicional de la Pascua Judía. Los temas de los dos eventos eran el mismo. En la Pascua, los judíos se regocijan, de que Dios les haya liberado de sus enemigos y miran con expectativa hacia su futuro como hijos de Dios. En la Cena del Señor, los cristianos celebran cómo Jesús les liberó del pecado y expresan su esperanza por el día cuando Cristo regrese (1 Co. 11:26). Al principio, La Cena del Señor era una comida completa que los cristianos compartían en sus casas. Cada huésped traía un plato de comida para la mesa común. La comida comenzaba con oración común el comer de pequeños bocados de un solo molde de pan que representaba el cuerpo partido de Cristo. La comida terminaba con otra oración y el compartir de una copa de vino, que representaba la sangre derramada por Cristo.” [10] Es difícil tener la Cena del Señor como una comida familiar en una reunión grande e impersonal y en una estructura formal. Una casa es el lugar ideal para celebrar la Cena del Señor de manera significativa.

[6] Robert & Julia Banks, The Church Comes Home (Massachusetts: Hendrickson Publishers, Inc., 1998), p. 84.
[7] Tomado de un artículo no publicado, “Services Versus Service.”
[8] Michael Green, Evangelism Now & Then (Illinois: InterVarsity Press, 1979), pp. 103-104.
[9] Pablo menciona el problema en 1 Co 11:20-21 y finalmente da la solución en los versículos pp. 33-34.
[10] J. I. Packer and Merrill C. Tenney, Illustrated Manners and Customs of the Bible (Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1980), pp. 540-541.
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4 comentarios en “DIEZ RAZONES PARA TENER IGLESIAS CASERAS (III)

  1. Hermano José Nuñez Dieguez. Mas que comentario estoy buscando Iglesias en Casas donde pueda concurrir, estoy ubicado en Zona Pilar, no excluyente, zona norte,oeste, capital, etc.. Agradecerla si me puede indicar via mail. Recien entro su pagina web desde ya me interesa todo el material d estudio.

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      1. Gracias Hermano esta mañana acabo de bajar sobre Iglesias Caseras la I, II y III y otros estudios; en los próximos días leeré. Bendiciones

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