ANHELO UNA IGLESIA ASÍ

Wayne Jacobsen

“Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Corintios 3:17)

 llave2¿Por qué tantas personas están concluyendo que la congregación de la que han formado parte por años está haciendo más por distraerlos de seguir a Jesús que animándolos a hacerlo?

Ellas solían amar su congregación. Fue allí donde aprendieron a conocer a Dios y a su reino y disfrutaban de la camaradería de vida y comunión. Fueron participantes devotos, luego voluntarios activos y muchos se convirtieron en líderes porque querían ayudar a cumplir la misión de la iglesia. Su principal preocupación no era cuestionar el sistema, sino hacerlo exitoso.

Pero algo cambió. Algunos pueden señalar decisiones o encuentros específicos con el liderazgo que dañaron la relación al ponerlos en una dirección que no podían apoyar de todo corazón. Otros reportan un reconocimiento creciente de que el sistema en el que vivían se puso en completa oposición con un hambre creciente por seguir a Jesús conforme Él se les daba a conocer en mayor medida. Las amistades se volvieron superficiales, perdidas en un activismo creciente. La mayoría asume que esta creciente desilusión es ocasionada sólo por las malas experiencias. Pero eso no fue así en mi caso. Tuve algunas experiencias grandiosas, oportunidades y amistades en las congregaciones de las que fui parte que moldearon mi vida de manera indeleble. Pero por buenas que fueron siempre se vieron interrumpidas por el programa, y temporadas de renovación caían fácilmente en la monotonía.

Durante la mayor parte de mi vida vacilé entre breves temporadas de reflexión y pasión por una relación más profunda con Él y largos tiempos de frustración intentando llenar esa pasión con las herramientas religiosas que me dieron. Se suponía que tenían que funcionar. Todo el mundo decía eso. ¿Cómo puedes dejar de estudiar la Biblia, orar, intentar ser correcto, estar activo en una congregación local y aprender de las enseñanzas de otros? Yo absorbía conocimiento como una de esas toallas absorbentes y descubrí que tenía el don de transmitir a otros lo que había aprendido. Pero el conocimiento intelectual y las actividades rituales no me ayudaban a encontrar la libertad que esperaba hallar, no promovieron la clase de relaciones en que la vida de iglesia puede surgir. Tiene que ser mejor que esto. El pensamiento aparece de repente en tus momentos de quietud y al principio ni siquiera estás seguro de dónde proviene. Podría tratarse de un profundo anhelo que todavía no se logra mediante tus actividades religiosas, algo que lees en las Escrituras que aumenta tu apetito, o luchar con otra falla personal. Quizás fue un dejo de condenación añadido al sermón por un pastor frustrado, o el sentirse solo en una congregación llena de gente.

La frustración por la disparidad entre tu hambre y tu experiencia es una revelación de la nueva creación despertando dentro de ti. Comunícalo a los demás, no obstante, y verás que van a desanimarte de darle demasiada importancia, temerosos de que eso altere el estatus quo o te lleve a un error. Pero la verdad es que ellos, también, tuvieron los mismos pensamientos antes – ¡muchas veces! Al no saber qué hacer con ellos y  habiendo sido descorazonado por otros, ellos aprendieron a suprimirlos y a quedarse tranquilos y satisfechos por lo que parece satisfacer a todo el mundo. Después de todo, ¿quién eres tú para retar a dos mil años de desarrollo religioso? Si hubiera algo mejor, otros ya lo hubieran encontrado. Con una pequeña auto-charla, el molesto pensamiento puede ser fácilmente despachado, pero sólo durante un tiempo.

Algún tiempo después en otra situación el pensamiento emerge nuevamente como un molesto mosquito zumbando alrededor de tu oído en la noche. Y si bien puede sentirse como un acoso no saber qué hacer con él, de hecho es un don. Esa la nueva creación encontrando su camino hacia la superficie. Comenzarás a ver a través de las limitaciones del esfuerzo humano y desearás algo más real que la actividad artificial que las estructuras religiosas ofrecen. En la medida en que he visto a las personas pasar por este proceso durante los últimos veinte años, parece que ese profundo anhelo continúa hacia la superficie en dos expresiones: Debe haber algo más o Algo mal está ocurriendo aquí.

A veces ese era un sentimiento verdaderamente generalizado y otras veces la respuesta específica a una situación. Sé lo que la Biblia dice que debería ser la iglesia, y la he gustado en suficientes ocasiones en mi juventud para saber que ella era real. Anhelé que las personas tuvieran esa experiencia y sabía que nuestras actividades no la promovían, por muy duro que tratásemos. No me daba cuenta en ese entonces que ya que nuestros métodos estaban basados en la conformidad estábamos de hecho subvirtiendo sin querer las relaciones abiertas y transformadoras que queríamos que la gente tuviera.

También tuve momentos en que me venía la horrible sensación de que lo que estaba haciendo era como una cachetada a las cosas que Jesús había dicho. No puedo decirles cuántas veces Lucas 14 venía a mi mente mientras procuraba tener más influencia en mis días de juventud. Jesús les dijo a sus discípulos que no buscaran los lugares de honor, sino que tomaran el último puesto y dejaran que Dios los moviera al lugar que tenía para ellos. Pero la gente que yo veía avanzando era dada a la auto-promoción y a hacerse publicidad. Sin embargo, cuando yo lo intentaba, ese pasaje venía a mi mente y era forzado a escoger entre confiar en Él para que me colocara donde quisiera o unirme a la masa de personas peleando por ser el rey de la colina.

Otra escritura que se me aparecía con frecuencia eran las palabras de Jesús acerca del liderazgo. Él les dijo a sus discípulos que no ejercieran autoridad sobre las personas como lo hacía el mundo, sino como Él, encontrando su fruto en servir a los demás. Nosotros lo llamamos “liderazgo sirviente”, sin darnos cuenta de cuán confuso es el término en cuanto a su aplicación. Volteamos la pirámide de cabeza, pero está bien claro quién ejerce la autoridad para que la cosa funcione.

Cuando ese anhelo sale a la superficie bien como un hambre por algo más real, o como la molestia de que algo anda mal, nos presenta con un momento crítico de decisión. ¿Me apego al confort de lo que siempre he conocido o tomaré el riesgo de seguir a mi corazón hacia un lugar más indefinido? Desafortunadamente la mayoría te exhortará a suprimir tu hambre. He hablado con cientos de líderes de iglesia que han tenido momentos similares de ser tironeados entre los que la Biblia los invita a hacer y lo que tienen que hacer para mantener su posición institucional. Muchos me han dicho que les encantaría vivir una realidad diferente pero que no pueden pensar cómo hacer que eso funcione. Con tristeza y pesadez, me han dicho, “he decidido hacer lo mejor como lo he venido haciendo”.

Yo también hice lo mismo, por muchos años, manteniéndome dentro de un régimen cómodo, a veces sin vida, e ignorando el profundo llamado de mi corazón. Siempre había suficientes migajas de pan en la rutina como para darme suficiente esperanza de que si podía encontrar la alineación correcta todo estaría bien. Por mucho tiempo pensé que era mi culpa, sabiendo cuán flojo podía ser a veces, así como las tentaciones y motivaciones que hacían ruido bajo la superficie. Seguía intentando más duro ser una mejor persona. Aunque puede parecer muy genuina siempre terminó siendo un desvío que me llevaba de regreso al pantano del fallido esfuerzo humano y frustración.

Cuando formé parte del directorio culpaba al liderazgo encima de mí por apegarse a las rutinas que se habían vuelto inútiles. Cuando fui pastor culpaba a la congregación por no arriesgarse. Cuando presionaba para que se dieran cambios que pensaba que nos avivarían, me sorprendía de que otros no compartieran mi pasión. Cuando era capaz de implementar alguna idea nueva, siempre se quedaba lejos del resultado que esperaba. Comparto la frustración de un pastor de Sacramento (California), quien lo expresó de esta manera: “he intentado vida con propósito, buscar sensibilidad, iglesia celular, iglesia casera, iglesia orgánica, sin ningún resultado. ¿Qué hago ahora?” Sólo luego de numerosos intentos fallidos comenzamos a considerar que nuestros sistemas humanos pueden ser parte del problema.

Conforme nuestra hambre por la nueva creación crece, también crece nuestra frustración con lo viejo. Si bien ofrece momentos de emoción inicial, siempre termina en futilidad. Por mucho que intentemos que nuestras ideas funcionen, nunca producirán el gozo de la nueva creación que buscamos tan desesperadamente. Por eso es que luego de intentar en múltiples congregaciones, implementar nuevos programas, e incluso intentar nuevas maneras de “hacer iglesia”, terminamos de regreso en el mismo lugar. La vida de Dios que buscamos parece como un espejismo en el horizonte, que justo cuando pensamos que nos estamos acercando,se desvanece y una nueva aparición se ve mucho más allá.

Sin embargo, si dejamos que crezca nuestra hambre, comenzaremos a ver a través de la vaciedad e inutilidad de nuestros propios esfuerzos y algo más aparecerá. Fue bien expresado en este correo electrónico que recibí en respuesta a una conversación que coloqué en el sitio web The God Journey (El Viaje de Dios) para personas que piensan “fuera de la caja” de la religión organizada. Hablando de mí y de mi co-anfitrión, esta persona escribió:

“¿Por qué estoy escuchando a estos tipos? No los conozco, con frecuencia dicen cosas que suenan como herejía, utilizan una terminología extraña, parecen flojos y desorganizados a veces, y sin embargo veo su humor, sus comentarios sarcásticos, y la manera retadora en que ven la Biblia. Yo, por otra parte, tengo 53 años, estoy cansado, molesto, y amargado en relación a muchas cosas de mis últimos veintiséis años como pastor. Estoy una situación que muchos de mis pares envidiarían – estable, las cuentas se pagan, tengo un equipo de liderazgo que me apoya, la gente quiere pasar tiempo conmigo, etc. Todo lo que sé en este punto es que necesito lidiar con mi corazón. No quiero pasar los próximos veinte años o más de mi ministerio productivo de la manera que ha vivido estos veintiséis. Así que, desde lo que soy, plantador de iglesias, pastor, yo digo sigan con su buen trabajo”.

 

Esa es la nueva creación despertando en él, y a pesar de que no estoy seguro adonde lo llevará, él está en el umbral de un viaje diferente. Pronto descubrirá que la nueva creación no se encuentra lejos en el horizonte en algún otro lado; está ya dentro de él. Jesús lo está invitando a seguirlo en vez de intentar satisfacer las expectativas de los demás. Sin ese sentido de inutilidad en la vieja creación, ninguno de nosotros hubiera mirado más allá de lo que podemos hacer por nosotros mismos. Perder la confianza en nuestro esfuerzo humano es un gran paso en este viaje.

Así que en vez de morir en la frustración del fallido esfuerzo humano, podemos perseguir ese “algo más” al que te invita la nueva creación. Un amigo mío expresó esta realidad cuando describía su relación con personas que estimulan su viaje espiritual. “Cuando estoy con ellos la vida es más. Hay más risas, más juego, más comida, más conversaciones importantes, del corazón, más sentido de la presencia y de los propósitos de Dios, en resumen, ¡más vida de verdad!

Ese es el “algo más” que yo también estaba buscando. No era gente perfecta sino gente de verdad en un viaje transformador. Cuando estoy con esas personas, soy más consciente de Dios y mis conversaciones son más honestas y están más llenas de amor y generosidad. Me río más en deleite compartido, lloro más cuando soy tocado por el dolor de los demás, y me voy más animado y más sabio. En la nueva creación nadie pretende ser mejor de lo que es y las debilidades de la gente sólo los hacen más interesantes.

Ese es el fruto de las vidas que crecen para conocerlo a Él, no el resultado de crear un grupo e intentar hacer que las personas se conformen a ciertas expectativas y obligaciones. Eso es lo que estuve intentando durante veinte años y que no es de extrañar siempre me quedé corto. La manera de compartir esta clase de vida es conectándose con las personas que estén despertando también en la nueva creación, así que no busques otro sistema al cual seguir.

No puedes encontrarla en ningún libro, incluyendo éste. La nueva creación es ese espacio en nuestros corazones donde sabemos que somos profundamente amados por Dios y donde tenemos una consciencia creciente de cómo Él piensa y nos invita a vivir en el mundo. No son pautas, sino reflexiones dentro de nuestras circunstancias – la ley de Dios escrita en el corazón. Jesús no les enseñó a sus discípulos un nuevo código por el cual vivir; les enseñó cómo vivir junto al Padre sin la culpa y el miedo que se derivan de nuestros sistemas religiosos.

Cuando comienzas a cuestionarte dos mil años de tradición, puedes esperar que los demás se sientan amenazados e intenten desanimarte. Van a malinterpretar tu frustración como amargura y te acusarán de ser egoísta. Descartarán tu hambre diciendo que no podemos esperar que la iglesia sea perfecta si está llena de gente caída. Te dirán que no puedes simplemente sentarte sin hacer nada cuando hay tanto trabajo qué hacer. La mayor parte de ellos tiene miedo de que dejar las tradiciones establecidas ponga en riesgo tu salvación. Seguirlo a Él incluso cuando otros te juzguen equivocadamente y te excluyan es la razón por la que tan pocos toman este camino. Aquellos que lo hacen lo hacen porque están convencidos de que existe una realidad más allá de su experiencia que continúa invitándolos.

Jack era un cirujano misionero escocés en el Congo en los años cincuenta que tuvo que marcharse de allí durante la revolución. Terminó en Nueva Zelanda trabajando como cirujano y eventualmente como administrador de un hospital. Durante ese tiempo estuvo muy involucrado en actividades congregacionales, incluyendo el servicio en juntas de ancianos y otros comités. Un día hace veinticinco años, mientras oraba por su creciente frustración sobre el estado de la iglesia, le vino un pensamiento a su mente que él le atribuyó a Jesús: “Si quieres ser parte de la iglesia que estoy edificando, tienes que dejar la que el hombre está edificando”.

Así que renunció a sus posiciones en la congregación y se embarcó en un extraordinario

wayne
“Nuestros intentos de confiar en otros nos frustrará frecuentemente, pero es que Dios nunca quiso que confiáramos en otros. Quiso que los amemos y que sólo confiemos en Él.

viaje que muchos otros han tomado. ¿Qué si pienso que todos debemos dejar nuestras congregaciones para ver la que Jesús está edificando? Si tú eres parte de una comunidad de fe generosa que no está basada en el desempeño religioso, puedes ser capaz de abrazar esa vida sin irte. Otros han encontrado necesario irse porque las dinámicas son muy destructivas. Lo que todos podemos hacer es dejar de pensar que la iglesia que la humanidad está construyendo y la iglesia que Jesús está construyendo son la misma cosa. A veces se solapan, pero no son lo mismo, y si no sabemos eso continuaremos perdiéndonos en nuestros esfuerzos humanos de replicar lo que no puede lograrse por el esfuerzo humano.

Lo que necesitamos no es un mejor sistema qué manejar sino un tipo distinto de personas que estén aprendiendo a vivir en una nueva creación.

 

Wayne fue pastor por más de 20 años en distintas iglesias. Hoy en día tiene un programa radial en “God Journey”  www.lifestream.org  Este es el capítulo 6 de “Encontrando a la iglesia”. ¿y si realmente hay algo más? http://www.findingchurch.org Publicación propia. Sacramento, California, Estados Unidos, 2014

Encontrando a la Iglesia está escrito por alguien que no está tirando piedras. Todo lo contrario. Su amor por la iglesia se puede ver en cada página, incluso cuando nos llama hacia algo más – la muy real Nueva Creación. BOB Prater, ex pastor, empresario Bakersfield, CA
¡Ya era hora de que alguien escribiera un libro como Encontrando a la Iglesia! Sin condenar aquellos que lo ven de otra manera, Wayne ha encontrado una manera de explicar por qué las personas están desilusionadas con nuestros sistemas religiosos y cómo están descubriendo una iglesia más allá de ella que les resulta tan agradable.
SILVIO VIOTTI, especialista en IT. Vallorbe, Suiza
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