¿EVANGELIO vs. EVANGELIO?

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Evangelización Antropocéntrica Evangelización Teocéntrica

La motivación del evangelista

La evangelización antropocéntrica parte de la base de los problemas del hombre y su solución. El hombre es percibido como un pobre desgraciado (a veces casi como una víctima de sus circunstancias) que es atendido por un Dios cuya razón de ser es la de satisfacer las necesidades humanas. La preocupación del evangelista recae pues sobre el hombre: sus problemas, sus necesidades psicológicas, su destino eterno. En cambio, en la evangelización teocéntrica la preocupación del evangelista recae sobre Dios, su honor, su soberanía en este mundo que debería reconocerle y alabarle como legítimo dueño y señor del universo; se manifiesta en celo por Su Nombre cuando es ofendido o ignorado (Isaías 42.8; 45.21, 23; Números 14.13-19; Hechos 17.16; 24-31; 2 Corintios 4.15). Si ésta es auténticamente nuestra motivación, si Dios es el centro de nuestro esfuerzo evangelístico, también tendremos preocupación por las necesidades del hombre, porque Dios es amor y el amor que Él derrama en  nuestros corazones despierta compasión hacia los hombres. Pero esa compasión nunca será a expensas de los derechos de Dios ni de la dignidad del Evangelio que predicamos. Tampoco será incompatible con la indignación ante la pecaminosidad e inmundicia humanas.

Los objetivos de la evangelización

Ayudar a las personas a que conozcan a Cristo, para que puedan tener perdón, paz, felicidad, la ayuda de Dios para sus problemas, y al final, el cielo. Dar a conocer el nombre de Dios (o sea, quién es, cómo es, lo que ha hecho por nosotros en Cristo) para que los hombres se sometan incondicionalmente a su soberanía, formando parte de su pueblo, para que su reino sea extendido a todos los sectores de la sociedad, hasta lo último de la tierra (1 Pedro 2.9). La felicidad del hombre será la consecuencia, pero no es la primera finalidad.

El pecado del hombre

La condición pecadora del hombre a menudo se considera una enfermedad o insuficiencia que debe corregirse. Por ejemplo, leemos en cierto manual de evangelización que: “una de las mayores mentiras de este siglo es que los hombre no quieren a Dios…sólo necesitan ser llevados a Él correctamente”. (O sea, el éxito de la evangelización sólo es cuestión de marketing). Si es así, entonces la Biblia está equivocada: Romanos 3.9-20; Jeremías 17.9 El hombre está espiritualmente muerto (Efesios 2.1-10; Juan 6.44, 65). Ya está bajo condenación. Su actitud básica ante Dios es de hostilidad, sea activa o pasiva (Romanos 5.8-10; Juan 3.19-21). (Hay personas que tienen inquietudes espirituales, pero es porque Dios ya está obrando en ellas por su Espíritu: Juan 16.8-11). Tanto la indiferencia ante Dios como el ateismo más virulento, son actitudes culpables de parte de un corazón pecaminoso y engañoso (Jeremías 17.9).

La redención

El énfasis está en restaurar una relación personal con Dios. La cruz sólo muestra el amor de Dios. El énfasis está en la redención personal, la cual luego implica una relación restaurada. La cruz muestra la justicia y la santidad de Dios, además de su amor al dar a Cristo como sacrificio para quitar el pecado (Romanos 3.24-26; 1 Pedro 1.18-21; 2.24-25)

La soberanía de Dios

Cristo hizo posible la salvación, pero Dios es impotente para realizarla en la vida de los hombres a menos que la persona se decida por Él. La salvación en Cristo demuestra la poderosa iniciativa de Dios, porque Él es quien atrae, convence, ilumina y regenera (Juan 6.44; 12.32; 16.7-8; Efesios 1.17-18)

La presentación del mensaje

El no creyente es “seducido”, apelando a sus deseos y sus necesidades. Existe la tentación de adaptar el evangelio para que psicológicamente sea más “interesante” y la persona lo acepte, evitando mencionar puntos que no agradan. Muchas veces esto hace necesario memorizar cierta presentación del Evangelio, o adherirse rígidamente a un bosquejo escrito. En reuniones públicas se ejerce una presión psicológica por medio de la música, de un ambiente emocional, de ilustraciones sentimentales, de un llamamiento prolongado, o sencillamente por la presión de una mayoría cristiana. La persuasión es psicológica o sentimental, no espiritual. Porque se cree que el hombre en general está buscando a Dios y sólo le falta la información, la evangelización es vista principalmente como una “siega”.

 

Si alguien rechaza una presentación breve y esquemática del Evangelio, se considera que de todas maneras ha sido evangelizado, que ya ha tenido su oportunidad.

Se apela a la consciencia del no creyente. Los hechos del Evangelio son presentados clara y ampliamente. Se explica bien la necesidad del arrepentimiento y el precio del discipulado (Lucas 14.25-33; 1 Tesalonicenses 3.4). No se emplean trucos psicológicos, porque no corresponde a nuestro fin en la evangelización. La persona es persuadida por el Espíritu Santo, por medio de los hechos del Evangelio (1 Corintios 2.1-5; 2 Corintios 2.17; 1 Tesalonicenses  2. 3-6, 13). Al rechazar todas las formas de presión humana, hay necesidad de depender del Espíritu Santo y de la oración. Se reconoce que el no creyente está ciego y no puede entender por sí mismo las verdades espirituales (1 Corintios 2.14). El creyente confía en el poder de Dios (1 Corintios 3.5-7). “Persuadimos a los hombres” (2 Corintios 5.11) por medio del Evangelio, pero no recurrimos a medios meramente humanos. El Espíritu Santo emplea la palabra para iluminar (Salmo 119.130), convencer (Hebreos 4.12,13), producir fe  (Romanos 10.17) y regenerar (1 Pedro 1.23, 25). Él da al creyente las palabras necesarias para el entendimiento del que le escucha (Mateo 13.18-23).

 

El rechazo implica un fracaso por nuestra parte (Mateo 13.1-23; Juan 15.18-27). Si nuestra motivación es la gloria de Dios en el mundo, y nuestro objetivo es darle a conocer, tenemos gozo en cumplir lo que se nos ha mandado hacer, lo acepten los hombres o no. Es importante que en el juicio final nadie tenga excusas, que esté claro que Dios ha sido justo al dar suficientes oportunidades a cada persona. (Por otra parte “dejar los resultados a Dios” puede ser una excusa para una evangelización ineficaz. Debemos estar muy preocupados si nunca hay conversiones).

Los resultados

Una “decisión” muchas veces se considera equivalente al nuevo nacimiento, aún si no hay ninguna evidencia de arrepentimiento ni de sumisión a Cristo. A veces el no creyente da la impresión de estar haciendo un favor a Dios al convertirse por el cual Él debe estar agradecido. Ha votado a favor de Dios. Por supuesto, si no se ha efectuado ningún cambio en la vida del interesado, él no “sentirá” nada. Entonces el evangelista intenta asegurarle que de todas maneras está salvado porque “Dios no puede mentir”. Algunos desilusionados, llegan a la conclusión de que el cristianismo no tiene nada que ofrecerles sino palabras y teorías. Se cierran totalmente ante cualquier intento de evangelizarles. Otros siguen adelante, pero con vacilaciones. Algunos son “condicionados socialmente” por la iglesia y parecen creyentes. A veces hay un intento de corregir este problema, insistiendo en que el llamado “creyente” tenga una “segunda experiencia” normativa del Espíritu Santo (una persona convertida de verdad ya ha recibido al Espíritu).

 

La vida cristiana a continuación de la conversión se enfoca  en términos del amor y de la ayuda que la persona espera recibir de Dios.

El interesado tiene que arrepentirse y creer los hechos del Evangelio, y confiar en Jesucristo, invitándole para que sea Señor de su vida. Puesto que los hechos están ampliamente presentados, el no creyente tiene que confrontar su propia pecaminosidad y, por obra del Espíritu Santo puede llegar a sentir profundamente una convicción de pecados. Entonces comprende claramente que ha ofendido a un Dios santo. Esto le duele y le da miedo. Comienza a suplicar el perdón de Dios. Dios le justifica y le hace saber que está perdonado, aceptado y amado. Tales conversiones muchas veces suceden cuando la persona está sola, después de conversaciones o reuniones, sin la intervención directa de ningún creyente. Aparentemente con este enfoque no hay grandes cantidades de conversiones, pero las profesiones de fe suelen ser genuinas. Hay hambre espiritual y un testimonio espontáneo y natural porque la sumisión total a Jesucristo conduce a una plenitud en el Espíritu Santo. Puesto que el objetivo de la evangelización ha sido hacer discípulos, se dan instrucciones cuidadosas al recién convertido (1 Tesalonicenses 2. 8-12) y se le integra en la comunidad de los creyentes. (Hebreos 10.25).

 

La vida cristiana es enfocada en términos  de integridad de vida, y adoración, no sólo lo que éste puede esperar de Dios.

 

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