Repensando el Ateísmo

José Nuñez Diéguez

ateismo“La historia que tengo que contar es la historia de los próximos dos siglos…Por largo tiempo nuestra civilización ha sido guiada, con una intensidad distorsionada década tras década hacia la catástrofe: en forma incansable, violenta, tempestuosa, como un río poderoso que desea terminar su jornada, sin pausa para reflexionar, así y todo, temeroso de reflexionar…Donde vivimos, pronto nadie será capaz de existir” (1)

Este lugar tan terrible sin existencia humana es el mundo que queda luego de la muerte de Dios tal como lo soñó Nietzsche. Su visión arroja una deprimente vista de la humanidad y pinta un cuadro horroroso del mundo donde la memoria de Dios es nula. Esta visión de Nietzsche está a tono con muchos himnos contemporáneos de nuestros cantantes rockeros. Himnos que alaban a un mundo sin Dios y sin religión.

 

Imagínate que no hay cielo

Es fácil si lo intentas

Sin infierno bajo nosotros

Sobre nosotros solo el cielo

Imagínate que toda la gente

Viviendo para el hoy

Imagínate que no hay países

No es difícil de hacer

Nada por lo que matar o morir

Y también sin religión

Imagínate toda la gente

Viviendo en paz.  (2)

 

En muchas sentidos, la visión de Nietzsche tuvo asidero en la primera parte del siglo XX. Bajo los regímenes de Stalin en Rusia o Pol Pot en Camboya millones de personas fueron asesinadas. La Revolución cultural del Camarada Mao tuvo a las instituciones religiosas como blancos prioritarios. Templos budistas, iglesias y mezquitas fueron arrasados o convertidos para otros usos. Los textos sagrados fueron quemados, las estatuas y todo arte sagrado. Irónicamente, Nietzsche ofrece una sana crítica al optimismo ateo de Lennon, a los varios regímenes comunistas o a autores populares que conciben un mundo libre de religión, y tal vez de religiosos.

La visión de Nietzsche, en sí misma, puede ofrecer al teísta un instrumento de ataque a las arremetidas típicas de los ateos que critican la religión. Además, hay muchas preguntas que pueden hacer los teístas a quienes arriban a conclusiones ateas o agnósticas. Si no hay Dios, por ejemplo, muchas de las “grandes preguntas” permanecen sin respuesta. ¿De dónde proviene todo y por qué existen las cosas en lugar de la nada? ¿Por qué hay vida inteligente y consciente en este planeta, y por qué hay un deseo universal de darle sentido a eventos muy pequeños? ¿La historia nos guía a alguna parte, o todo es vano ya que la muerte es el fin de todo? ¿Cómo llegamos a comprender lo bueno y lo malo; lo recto y lo erróneo? Si estos conceptos son meramente construcciones sociales u opiniones humanas, ¿Dónde ponemos la mirada para determinar la moralidad?

Sin Dios hay una crisis de sentido y de moralidad. Sin Dios, tal como articuló Nietzsche, el significado último de todo queda a merced de los intereses propios, los placeres o gustos de cada uno. Sin Dios, el mundo es solo materia, arrojado al espacio y el tiempo, yendo a ninguna parte.

Además, sin Dios o sin alguna suerte de estándar transcendente, ¿cómo pueden los ateos criticar las religiones? ¿Qué voz será escuchada? ¿Los gustos o preferencias de quién serán honradas? Sin Dios, los gustos humanos y las opiniones no tienen más peso que el que les demos, y ¿quiénes  seríamos nosotros para darle sentido a las cosas? Las sociedades podrían hacer cosas “ilegales” e imponer penalidades o consecuencias. Los gustos u opiniones humanas, las leyes societales o las culturas son difícilmente buenos árbitros de la verdad.

El problema de la maldad y el sufrimiento no se solucionan sin un Dios al que maldecir por permitir que sucedan cosas malas. ¿Dónde encontramos esperanza de redención al sufrimiento? Sin Dios nada se puede redimir. Sería verdad que no hay Dios al que maldecir, pero tampoco habría Dios al que acudir para buscar fuerzas, transcendencia, o consuelo. Solamente hay confusión ante el sufrimiento y la maldad.

Finalmente, si no hay Dios, los seres humanos no tienen sentido. ¿Cómo explicaríamos el anhelo humano y el deseo de trascender?

Finalmente,  si no hay Dios, los seres humanos no tienen sentido. ¿Cómo explicar esa sed y deseo de trascendencia que tienen los hombres? ¿Cómo explicar las preguntas en busca del sentido de la vida, esos pensamientos interiores de insatisfacción y vacío? ¿Por qué los humanos tienen hambre de lo espiritual? ¿Cómo podemos entender esas preguntas si no existe nada más allá de lo material? ¿Cómo obtenemos las leyes como producto del azar, o los procesos predecibles como producto de la bruta casualidad? Si todo lo que nos hace diferentes a los animales es el aprendizaje y el altruismo, ¿Por qué los brutos superan aparentemente a los sabios en nuestro mundo?

Nietzsche afirmaba que la muerte de idos traería el trastorno de toda la moralidad y no su preservación. Con estas preguntas, los cristianos le recuerdan a los ateos que no hay posibilidad de moralidad, sentido y esperanza sin Dios.

 

 

(1) Citado por  Erich Heller en La Importancia de Nietzsche (Chicago: University of Chicago Press, 1988), 5.
(2) John Lennon, Imagine (Septiembre, 1971).

 

 

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