¿QUÉ TIENEN EN COMÚN UN PASTOR ERUDITO Y UNA ESTRELLA DE LA NBA?

Jim Burnett

Una de las lecciones más importantes que aprendí durante mis años de estudiante en un seminario provino de un jugador de la NBA (National Basquet Association).

carterEstudié en el Instituto Bíblico Moody, a las afuera de la ciudad de Chicago, Estados Unidos. Muchos equipos de básquet de la NBA practicaban en nuestro gimnasio cuando jugaban contra los Chicago Bulls. Allí vi a Vince Carter, jugando con su forma tan peculiar.

Usaba pantalones sudados y una camisa de mangas largas. Con unos grandes auriculares en sus oídos con un cable de más de 2 metros de largo escuchaba su discman (era lo que se escuchaba en aquellos días).

Carter clavaba una pelota en el aro con la misma parsimonia que una jirafa arrancaba las hojas de un árbol. Vez tras vez lo hacía sin fallar. Con su mano izquierda. Para los que no sepan, Carter jugaba con la mano derecha. Eso significa que se tomó el tiempo para desarrollar y perfeccionar un tiro que nunca había intentado durante un juego regular.

¿Qué tiene que ver esto con el pastor-erudito?

¿Ud. limita sus estudios bíblicos y teológicos a enseñar y predicar? Para algunos pastores, así sucede porque están muy ocupados. Pero creo que muchos que “estudian para enseñar” piensan que aprender algo más es innecesario y superfluo. No quiero sonar como un niño estudiando álgebra y se pregunta “¿Cuándo voy a usar todo esto?”. Este pastor es como alguien que no atesora a Jesús “en quien están escondidos todos los tesoros de sabiduría y conocimiento” (Col 2.3)

Lo irónico—lo hipócrita—es que ningún pastor va aceptar esta actitud en otro campo profesional.

Cuando Ud. va al doctor para un chequeo, ¿espera que el lenguaje que usa el doctor sea una extensión de su vocabulario médico? Por supuesto que no. Ud. asume que él tiene un vasto conocimiento que se guarda a la hora de explicarle por qué a Ud. le duele la espalda. Es ese vasto conocimiento de años que le permite a él explicarle a Ud. con lenguaje llano.

Como médicos espirituales, los pastores deben esperar no menos de sí mismos. Lo que enseñamos el domingo debe venir de una siempre creciente masa de conocimiento teológico. Eso significa, para mezclar metáforas, aprender a ejecutar tiros de 3 puntos con la otra mano.

 El problema con la palabra “erudito”

La palabra “erudito”, desafortunadamente, tiene connotaciones negativas—“aburrido”, para no mencionar, “una barba descuidada”, o “una barriga anormal”. Alguien puede pensar, “Yo no quiero convertirme en uno de esos estirados eruditos”.

O tal vez simplemente pensar que Ud. no califica para ser llamado “erudito”. No puedo estar menos de acuerdo.

Hagamos una redefinición: un erudito es nada más u nada menos, que un constante aprendiz.

Un pastor-erudito no tiene por qué escribir libros, artículos, o blogs. No tiene que ser invitado a conferencias para predicar. No tiene por qué ser brillante.

Un pastor-erudito disfruta aprender por el hecho de aprender. Un pastor-erudito reconoce el valor de ser impactado por el proceso de aprendizaje, aún si no tiene que predicar el próximo domingo. Un pastor-erudito confía que su aprendizaje estará a mano cuando menos lo necesite, así como aprender a disparar con la mano izquierda probablemente ayudó a Vince Carter a capitalizar este pase inesperado con su mano izquierda. Véalo en el link. 

 Recordar a tu entrenador te motiva a mejorar tu juego

Así que la lección que aprendí de un jugador de la NBA fue que si quiero ser el mejor pastor que puedo ser, debo mejorar mi juego en áreas de mi vida personal y pastoral; áreas que nadie verá.

No “competimos” por nuestra congregación, competimos por Jesús. Cuando somos mal interpretados, nos es fácil esperar menos de nosotros mismos. Nuestra gente no espera que seamos teólogos con grandes grados académicos.

Pero cuando Ud. recuerda que Jesús es a quien sirve, sus deseos cambian. Le hace querer conocer su palabra, la historia de su interpretación, y los significados teológicos mejor que cualquier atleta profesional pueda preocuparse de jugar un buen partido. Y tampoco tendrá esa actitud de “¿Y a mi qué?”. Porque su identidad no es “soy un pastor-erudito”, sino que “soy un seguidor de Jesús”.

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