LA HIJA DE JAIRO RECUERDA A SU PADRE

José Nuñez Diéguez

JAIRO HIJABasado en Marcos 5.21-24 y 35-43

Aquí me dispongo otra vez a recordar a  mi padre. Era él un principal de la sinagoga. Mi padre estaba orgullos de la posición que tenían nuestra familia en la ciudad. El se encargaba de los rollos de la Torah. Mi padre no tocaba a nadie que fuera inmundo.

Aquella enfermedad que me tocó sufrir fue tremenda. Tendría yo 12 años, y la fiebre me consumía. Allí mi padre demostró que me amaba cuando fue a buscar a Jesús. El no se avergonzó de buscar a alguien al que acusaban de tratar con demonios, tocar leprosos y beber vino con impuros. Mi padre tuvo que dejar siglos de tradición, tragar su orgullo religioso, el peor de todos, creo, y buscar al Señor.

Mi padre también demostró su amor por mí, no solamente por buscar a Jesús, sino por traerlo a mi casa. Mi madre me contó muchas veces cuando llegó a casa con sus 3 discípulos, casi con una sonrisa despejó la sala de las lloronas plañideras pagadas por mi familia, y me llamó, “Muchacha, levántate”. Yo… ¿Cómo explicarlo? Sentí una voz segura, la voz del que vencía la muerte, mi propia muerte.  Algo me arrancó de las garras de la muerte y volví. Luego me contaron que Jesús tanto iba a la casa de un recaudador de impuestos como iba a la casa de aquellos que más le odiaban: los principales de la sinagoga. Mi padre, no saben Uds., sufrió terriblemente cuando meses después llevaron a Jesús de noche a juzgarlo, contra todo procedimiento legal, antes de crucificarle.

Cuando me levanté, los que se habían burlado de Jesús, ahora se espantaron.

Mi padre me amó hasta el último día de su vida, y luego también amó a su Maestro.

Cuando aquel discípulo predicó en Pentecostés, mi padre fue parte de los discípulos que creyeron. También se burlaron ese día de los discípulos por considerarlos borrachos, pero luego se maravillaron cuando oyeron hablar en lenguas perfectamente pronunciadas. Allí me padre recordó lo dicho por el profeta Isaías “porque en lenguas de tartamudos, y en extraña lengua hablará a este pueblo”. Era la señal para nuestro pueblo judío. Por nuestra desobediencia, el Señor escogió otro pueblo que vendría de los goyim…los perros gentiles. Así nació ese día la iglesia.

Este relato es un a ficción dedicada a los padres en su día. 

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