LÁGRIMAS SOBRE MI PÚLPITO

José Nuñez Diéguez 

EscritorioEstaba terminando de dar forma a un artículo para este blog donde hacía mención a mis hijas y las recordaba con humor (ver Cuatro Mujeres y Proverbios), https://casaxcasa.wordpress.com/2014/09/12/cuatro-mujeres-y-proverbios/  sentado cómodamente en mi oficina. Me levanto para atender a dos personas que se sientan en silencio frente a mi. Separados por el escritorio dos mundos distintos se palpaban, en medio de los papeles desplegados. Este mi escritorio volvió a oficiar de púlpito. Una de las señoras me deja saber con insistencia que su hija había fallecido. La otra se sienta y por detrás un cochecito de bebé me permite ver a un niño de mirada perdida, sonrisa boba y aspecto enfermo. Parálisis cerebral. La joven que limpia habitualmente la oficina interrumpe esa escena con un muñeco sonriente que se asemeja a un duende. Causa un poco de temor y comentan los pro y los contra de los duendes, como si fueran seres vivos que actúan en el mundo actual. De allí comentan del cuidado que nos dispensan los ángeles: del romanticismo europeo de los cuentos de hadas, pasamos a la grotesca cantinela de un programa de radio trasnochado del siglo veintiuno. Con tacto y educación mencioné que el único que nos cuidaba era Dios.
El niño tiene un hermanito mellizo con perfecta salud, me hace saber la señora. La hija fallecida de la otra señora tenía 32 años cuando ingresó en coma al hospital del que nunca salió. El pronóstico del niño era que no viviría mucho. Lágrimas. “Es un regalo que Dios me permite disfrutar”, dice la madre. Sigue diciendo que un día ella iba a entender el por qué de su dolor. Le menciono a Job y su sufrimiento y sus pérdidas. Y como Dios nunca le explicó el por qué de su dolor en los 42 capítulos. En su soberanía Dios nunca tiene que explicarnos el por qué hace lo que hace. El dolor inexplicable de esta vida parece un sinsentido a nosotros los mortales. Sigo hablando del plan de Dios, de su amor. Les dejo mi teléfono. Me quedo con sus nombres. Pongo en sus manos un “Librito sin palabras”, con colores y el verso de Juan 3.16.
Pocos minutos después me entero que Rodolfo, un compañero que se pre-jubiló hace menos de un año falleció. Hace menos de 2 años que lo había conocido. Antes de su retiro voluntario fuimos juntos a visitar a otro compañero que tenía sus días contados. Comimos una rica carne asada estilo argentino.
 Disfrutamos. No era mi jefe directo, pero apreciaba sus opiniones y formas de tratar con la gente en general. En estas oficinas, por la posición que ocupo, me manejo a mi aire, y puedo hacer de mi escritorio un púlpito.
Decía el pastor Carlos H. Spurgeon que los púlpitos son los castillos de los cobardes, algo así como que muchos predicadores se esconden detrás de ellos. Algunos gesticulan y muestran un lado de su personalidad que tiene más de actor que de persona común y corriente. A algunas personas les encanta que su predicador favorito vocifere, a tal punto que pareciera que si más grita, sus argumentos son más valederos, y tal conducta arranca un amén más estentóreo y rotundo de su “público”. ¿Se traducirá en el tintineo de más moneda a la hora de la ofrenda? Todo eso es cartón pintado. Años atrás predicaba en una iglesia en Estados Unidos, y subí a un púlpito centenario que rezaba, “Señor, queremos ver a Cristo”. En esos microsegundos antes de dirigirme a la gente, no entendí. Pensé que le estaba hablando a Dios. Pero luego me di cuenta que se estaba dirigiendo a mí: me pedían que cuando yo predicara  se viera a Cristo, y no mis logros, hazañas, historias, chistes, etc. En los púlpitos vemos muchos predicadores que se autopromocionan. Sus logros, sus hermosas familias, etc, todas bendiciones sin duda legítimas.
 
Los verdaderos púlpitos están fuera de las iglesias. La gente que desconfía de las iglesias tiene historias que se las contarán a quienes tengan la paciencia de escucharlos, a través de un diálogo. En Hechos 20.7 varias versiones castellanas dicen: “Prolongó su discurso hasta la medianoche”. El texto hace referencia a cuando Pablo “predicó” largamente. Excusa genial para los predicadores que les gusta alargar sus sermones. Realmente no fue un discurso tal como lo conocemos. Fue un “diálogo”, esa es la palabra griega que usa (diálogos). Una mesa de café, el taxi, o cualquiera sea tu oficio, será el mejor, o el único púlpito que muchos conozcan. Generalmente las historias que escucharás serán de fracasos. Lágrimas, nostalgia, dolor. Hay que escuchar con naturalidad, con verdadero interés. La gente no anda contando sus cuitas a cualquiera, sino a alguien en el que puede confiar. Es un mecanismo automático que las personas tenemos. Intuimos que tal o cual persona es confiable. Escuchar sin golpes bajos o efectistas para lograr la atención de las personas. Un sabio dijo, “A la gente no le importa cuánto sabes hasta que ellos saben cuánto les importas”. Se aplica al saber bíblico también.  Oremos cada mañana para que Dios pueda poner esas personas a nuestro alcance, al alcance de la Palabra de Dios.
 
Siempre vuelvo a la frase del español Lic Juan Simarro Fernandez, cuando dice en su libro Desde el Corazón de la Ciudad, Ed. Clíe, Barcelona , 1993. 
 
 “El hombre secular ha dado la espalda a los campanarios y a las torres de las iglesia, ha dado la espalda a un cristianismo de símbolo, imagen y fetiche. Lo primario hoy es aprender a vivir un cristianismo de camino, de plaza, de calle y de mercado”.
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4 comentarios en “LÁGRIMAS SOBRE MI PÚLPITO

  1. Comparto plenamente que como dice el Apóstol Pablo en 2Ti 4:3…se amontonarán maestros conforme a sus concupiscencias”, pero también gracias a Dios quedará hasta la venida del Señor a arrebaterla, una Iglesia fiel y expectante esperando al esposo, Ef 1:22-23 y 3:20 y 21,todo renacido debe buscar una Iglesia de sana doctrina donde congregarse y así poder desarrollar los dones que el Espíritu Santo le ha dado.

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  2. Lastimosamente,es necesario vivir una prueba de fuego,para comprender,que somos ,linaje escogído,real sacerdocio ,nación santa,pueblo adquirido por Dios ,¿ para que?,
    para anunciar las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su Luz Admirable.
    1 Pedro 2:9
    Somos Templo de Dios,con un corazón donde Reina Cristo,libres para llevar su olor fragante a todo aquel ,que anda perdido.Amén.

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