SUSANNA WESLEY, MADRE DEL METODISMO

José Nuñez Diéguez. 
el hogar de los Wesley
el hogar de los Wesley
Su nombre era Susanna Wesley y nació en la casa de un pastor durante el siglo XVII. A fin de prepararles la escena, piense usted en los siglos XVII y XVIII (siglos 17 y 18). Se calcula que fueron los años más oscuros, y, para mí, más interesantes de la historia de Inglaterra.
Un autor escribió que Inglaterra se había degenerado tanto que parecía una cloaca. Thomas Carlyle, el filósofo inglés del siglo XIX escribió que Inglaterra tenía un estomago muy vivaz, pero un alma muerta. El abogado William Blackstone visitó las iglesias más importantes de Londres durante el siglo XVIII y escribió que en muchos sermones era imposible decir si el predicador era seguidor de Cicerón, Mahoma o Cristo.  
El juego estaba muy extendido al punto que un historiador pudo decir que Inglaterra era un vasto casino. Los recién nacidos eran dejados en los portales expuestos a la muerte, como había sucedido en Roma en el siglo I. Se vendían boletos para presenciar ejecuciones públicas a los que la gente acudía con el mismo entusiasmo como si fuera al teatro. El tráfico de esclavos encallecía la conciencia de la nación.
El mismo autor escribe, “Los historiadores ahora reconocen que la nación inglesa cambió su curso en el siglo XVIII gracias al Gran Avivamiento o Despertar espiritual que vino de la mano de Jorge Whitefield y Juan Wesley, tanto como otros (incluyendo a su hermano Carlos) (1)
Mucha gente conoce a los fundadores del Metodismo—Juan y Carlos Wesley—pero pocos conocen a la mujer que fue su mentora y maestra, Susanna.
Una mujer que quizá no se hubiera sorprendido que dos de sus hijos hubieran sido el catalizador de ese gran Despertar—dos hombres a los que Dios usó para remodelar a Inglaterra espiritual, política, intelectual y moralmente….por los años que vendrían.
 
Déjeme volver al principio.blog_susana wesley2
Susana había nacido en la casa de un pastor londinense. Fue la más joven de 25 hijos—sí, leyó bien—25 hijos. Esto fue antes quela televisión  nos mostrara a grandes familias. Como usted verá no percibían regalías , y sufrían la pobreza que todos padecían por aquellos años.
El padre de Susanna le transmitió a su hija su pasión por la justicia y la santidad de Dios. Le dio su temple de acero. En una ocasión el padre de Susanna fue invitado a predicar al Parlamento y escogió este texto, Job 27.5 que dice, “Jamás podré admitir que ustedes tengan la razón; mientras viva, insistiré en mi integridad” (NVI). Estimo que ese mensaje no caería bien en ningún congreso parlamentario que conozco. Por supuesto, nunca volvió a ser invitado.
Durante el ministerio de su padre—que creció tremendamente—los jóvenes seminaristas visitaban la casa del pastor. En una ocasión un joven llamado Samuel vino de visita. El tenía 19 años y Susanna tenía 13 años.
Esta es la parte que usted no querrá que lean sus hijas—comenzaron una amistad que terminó en casamiento. Un año después de la boda nacía su primer hijo.
Aunque Samuel fue educado en Oxford, fue enviado por la Iglesia de Inglaterra a una pequeña aldea, 200 kilómetros de Londres, con una población de 206 habitantes.
Su casa parroquial era literalmente una choza de barro, con ventanas sin vidrios—con contraventanas de madera. Un autor dice que su casa estaba al borde en un camino surcado mil veces por anchas huellas encharcadas, rodeada de una pobre granja con pastos ralos. (2)
Para empeorar las cosas, Samuel no fue bien recibido, al punto que no pasó mucho tiempo antes que los lugareños actuaran con hostilidad.
Uno de los aspectos olvidados del ministerio durante aquellos tiempos de oscuridad fue el precio pagado por aquellos que predicaban el evangelio.
En mi búsqueda, catalogué los siguientes abusos que sufrieron de mano de gente que asistía a la iglesia pastoreada por Samuel.
  • Desprecio demostrado al burlarse de sus hijos.
  • Incendiaron los cultivos de la familia Wesley.
  • Dañaron la casa pastoral—incendiándola hasta los cimientos, por lo menos una vez.
  • Dañaron con cortes la ubre de la vaca familiar para que no pudieran tomar leche.
  • Mataron el perro de la familia.
 
En una ocasión, debido a las ideas políticas de Samuel en defensa del Rey, una noche los aldeanos se juntaron frente a la casa—sin saber que Samuel no estaba—gritaron por largo rato, batieron bombos y dispararon sus armas. Susana recién se estaba recuperando del nacimiento de su hijo número dieciséis; la enfermera estaba tan cansada luego de esa noche tan movida, que al dormirse, dejó caer al niño, y este quedó paralítico por el resto de su vida.
Años después, en 1709, los aldeanos incendiaron la casa de Wesley amparados por las sombras de la noche. Todos lograron salir—incluso Susanna que estaba embarazada de su hijo número veintiuno. Cuando estaba fuera, comenzó a contar las cabezas de sus hijos y descubrieron que faltaba uno—Juan de seis años. Un vecino a los hombros de otro vecino pudo subir al techo y bajar al pequeño Juan.
Con los años repetía siempre que era “un tizón arrebatado de las llamas” (3)
Sus problemas no habían terminado. Un miembro de la iglesia le reclamó a Samuel el pago de una deuda, que al no poder pagarla, los llevó a prisión.
Aquel pequeño tizón arrebatado del fuego entró al pastorado—su púlpito en Londres estaba diseñado de tal forma que había que entrar desde un balcón, sin acceso desde el frente de la congragación—hecho de tal modo de proteger al predicador.
En una ocasión, predicó contra la maldad de la esclavitud haciendo que los miembros enfurecidos rompieron los bancos, mientras Juan Wesley escapaba por el balcón.
El estaba preparado al haber visto sufrir a sus padres.
Ningún desafío del ministerio se compara al dolor de perder tantos hijos. En los primeros siete años de matrimonio, Susanna trajo al mundo siete hijos, de los cuales tres murieron—incluyendo a un par de gemelos.
De hecho, tuvieron en total 21 hijos. Pero solo nueve de ellos sobrevivirían la infancia—once morirían—incluyendo a dos pares de gemelos. Susana dedicó su vida a sus hijos—viviendo  Proverbios 1—enseñando y aconsejando sus mentes y corazones.
Susana se rehusó enseñar a sus hijos hasta que cumplieran los 5 años. Esperaba que memorizaran el alfabeto el primer día  de clase. (4)
Las hijas Wesley no fueron excluidas de la educación—probablemente influenciada por el padre de Susanna quien le había enseñado a leer y vagabundear por su vas biblioteca cuando ella era pequeña.
Así que, tanto las niñas como los niños Wesley aprendieron latín, griego y hebreo, poesía, los clásico, historia y música. Les enseñaba 3 horas por las mañanas y e horas por las tardes.  Su biógrafo la llamaba la Reina de la Estructura.
Cada cosa tenía su horario. Se levantaban a las 6:00 en punto por las mañanas hasta que la última vela se apagaba a las 8:00 de la noche.
En una de sus cartas dice que para que un niño crezca y se transforme en un adulto disciplinado, deben tener padres disciplinados.
Les decía a quien quisiera oírla que ella no quería que sus hijos se convirtieran en rufianes educados, por eso era necesario enseñarles maneras y obediencia. Debían permanecer en silencio mientras comían, jugar solo con amigos seleccionados, y hablar con un inglés preciso, sin jergas callejeras. (5)
Para aquellos que han leído su biografía, ella es famosa por sus Reglas de Conducta—les presento algunas:
  • Ningún acto pecaminoso debe pasar sin castigo.
  • Ningún hijo debe ser castigado dos veces por la misma falta.
  • Las promesas deben cumplidas estrictamente y observadas.
  • Enséñales a temer la varita.
  • Comer entre comidas no es permitido.
Esta lista me parece muy familiar, me pregunto si mi madre no la habrá leído. Alguna vez.
  • Deben ser enseñados a orar tan pronto como sepan hablar.
  • No les den nada que pidan llorando, solo lo que pidan con amabilidad.
  • Toda intención de obedecer, aunque el resultado no sea como debió haber sido, debe ser aceptado y alentado.
 
Pero ella no solo estaba interesada en lo académico y en las buenas maneras. Ella quería que sus hijos reverenciaran al Señor por sobre todo.
Le escribió a su hijo mayor, “Cuando la voluntad del niño esté totalmente sometida y reverencie a sus padres, eso será el fundamento de una verdadera educación religiosa—solo cuando el niño sea capaz de ser gobernado por un pensamiento justo”.
Un día  una de sus hijas quería involucrarse en algo que no era terriblemente malo, pero que tampoco era correcto. Cuando Susanna le dijo que no podría hacerlo, su hija protestó. Ya por la noche ella y su madre estaban sentadas junto a la chimenea apagada. Su madre le dijo, “Dame aquel carbón, por favor”. “No quiero hacer eso, madre”. “Pero el fuego está apagado, no te quemarás”. “Sí, ya sé, pero mis manos se pondrán negras”. “Exactamente”, dijo Susanna, “Esa cosa que quieres hacer no te quemará, pero va a manchar tus manos”.
 
Una visita a la familia Wesley dejó un testimonio en cuanto a que “esos niños eran brillantes, extrovertidos, argumentaban con inteligencia y libertad de pensamiento, ocupándose de lo importante, aprendiendo en una atmósfera de reverencia a Dios”. (6)
A veces Susanna tomó el toro por los cuernos—aún cuando era en contra de las normas culturales, sorprendiendo a propios y extraños.
Una vez, mientras su esposo estaba en Londres defendiendo a otro pastor acusado de herejía, escogió al  señor Inman, para tomara el púlpito. Evidentemente no estaba a la altura de la tarea siendo sus sermones algo más que aburridos: rancios y dispersos.
Así que Susanna, sin demoras, comenzó un servicio de predicación por las tardes para la familia. Se reunían y cantaban algunos Salmos, oraban, y ella leía un sermón selecto de un libro de la biblioteca e su esposo. El servicio religioso solo abarba a la familia Wesley, pero otros muchos comenzaron a asistir a su casa. Cuando se dieron cuenta, la casa pastoral, tanto como el jardín estaba lleno de 200 personas que, por supuesto, ya no iban a escuchar al señor Inman por la mañana.
El señor Inman escribió una carta a Wesley quejándose de su esposa quien había abierto un servicio religioso para hacerle la competencia. Samuel le escribió a su esposa pidiéndole que terminara con esas reuniones. Ella también le escribió diciendo que sus reuniones tenían un genuino efecto espiritual en aquellos que venían y que el único que se quejaba era el señor Inman. Howard Snyder nos cuenta en su libro, “El Wesley Radical y los Modelos de Renovación Eclesial” que ella le escribió a su marido dos cartas el 6 y 25 de febrero de 1712. En una dice, “No solíamos tener más de 20 ó 25 personas por las tardes, mientras que ahora tenemos entre 200 y 300 personas; que es más de lo que nunca fue a escuchar a Inman por las mañanas […] Otra razón de por qué lo hago es que no tengo otra forma de conversar con esta gente, y por lo tanto no tengo otra forma de hacerles el bien; pero a través de esto tengo la oportunidad de ejercer la caridad más grande y más noble, esto es, la caridad a sus almas”.
Los servicios continuaron (7).
Usted se imaginará que con toda esta actividad y desafíos en su hogar Susanna nunca tuvo un tiempo para ella sola. Un biógrafo nos cuenta que ella luchó por encontrar un lugar secreto, pero fracasó, así que les decía a sus hijos que cuando vieran a su madre con un pañuelo en su cabeza, es que estaba en oración y nadie podría molestarla.
Así y todo encontró lugar para cada uno de sus hijos.
Luego que su hijo mayor se fuera de casa, decidió intensificar su contacto personal con los 8 hijos restantes, de tal forma de pasar una hora con cada uno.
  • El lunes sería Mollie.
  • El martes era Hetty.
  • El miércoles era para Nancy.
  • El jueves una hora para Jack (o el conocido Juan)
  • El viernes era el día  de Patty.
  • El sábado del pequeño Carlos.
  • Y el domingo, dos horas que dedicaba a Emilia y a Susanna (apodada Suckey).
 
Debo reconocer que es tentador dejar todo acá y, como los cuentos de hadas, decir “fueron felices y comieron perdices”, en un tono idílico. Todo lo que sabemos de Susanna y su esposo Samuel Wesley termina acá.
Hay otros factores dignos de mencionar, para no hacer de esto algo romántico. Criar hijos, tener un buen matrimonio, tener un buen ministerio no es “coser y cantar”. Detrás de muchas puertas pastorales hay realidades escondidas que causan dolor.
Creamos héroes con pies de barro, asumimos que si hacemos lo que ellos hicieron, nuestras vidas estarán llenas de dicha.
Tal si uso las 16 reglas de conducta, hago que mis hijas sean estructuradas, se acuesten a las 8:00 PM, hago mis devociones con un pañuelo en la cabeza, tal vez así tendré el hogar de Susanna y Samuel y todos mis hijos algún día  participen de un despertar nacional.
Eso solo funciona si no sabes mucho sobre el hogar Wesley. Samuel y Susanna pasaron todo su matrimonio guerreando entre sí, con personalidades inflexibles, y de terca voluntad.
En una ocasión Samuel oró en la mesa por el Rey y al final todos dijeron “Amén” menos Susanna. El quiso saber el por qué, y ella simplemente dijo que el Rey Guillermo de Orange no era un rey justo, sino que el Rey Jacobo II era quien debía estar en el trono. Samuel permaneció firme, frente a sus hijos y demandó que ella se arrepintiera y dijera “Amén”. Ella se rehusó. Samuel dijo, “Bien, debemos partir nuestros caminos, porque si hay dos reyes, debe haber entonces dos camas”.  Y dejó la casa hecho un basilisco.
Un par de meses más tarde volvió para ver si su esposa había cambiado de parecer. Ante la negativa dijo que se iría y nunca volvería a verla a ella ni a sus hijos. No era la primera vez que se marchaba enojado…tampoco fue la última.
Al salir de la ciudad encontró a otro pastor que le convenció de no romper sus votos matrimoniales por causas políticas.  Cedió, y volviendo a su casa, se dio cuenta que otra vez los aldeanos estaban incendiando su casa. Reconstruyó la casa, se reconcilió con Susanna. Su hijo número 15—Juan Wesley—nacería un año más tarde.
Hubo otros temas que plagaron su matrimonio.
Samuel era un mal administrador de su dinero, y alguien que no trataba de pagar sus deudas. De hecho, estuvo dos veces encarcelado por deudas. Hizo varios intentos de hacer dinero más allá de sus habilidades. Por ejemplo, fue convencido que lo que la iglesia necesitaba era un exhaustivo comentario sobre el libro de Job—escrito en latín—que el hombre común no pudiera leer.
Un biógrafo escribió que Samuel parte de su escaso presupuesto para financiar la publicación, que nunca se vendió. Luego trató de publicar poesía, pero fue un bochorno, al punto que la gente hacia bromas en la aldea.
El parecía inconsciente de todo esto…quizá usted vio a alguien que tiene una falta de auto objetividad y que se convence que es bueno en algo, pero todos se muerden los labios, y nadie quiere decirle la verdad.
Como resultado de esto, la familia Wesley vivió al borde de la pobreza, en perpetuas deudas por la testarudez de Samuel; sus deudas fueron canceladas  recién luego de su muerte.
Cualquier consistencia que tuvo ese hogar fue gracias a los esfuerzos de Susanna. 
El mundo conoce a dos de los veintiún hijos, pero la verdad es que Susanna   fue desafiada, y muchas veces desconsolada por la vida de sus hijos, quienes no caminaron con el Señor—a pesar de todos sus esfuerzos.
Su hija Susanna-apodada Suckey—escogió casarse con un incrédulo que terminó abusando de ella físicamente.  Casi muere dando a luz, y finalmente, sufrió por la crueldad de su esposo, huyó con sus hijos a Londres rehusándose a una reconciliación.
Su hija Emilia también se enamoró de un incrédulo, pero terminó su relación por consejo de sus hermanos. No tuvo una relación con su padre Samuel. Teniendo 44 años, preocupada de que nunca se casaría, que se casó rápidamente con el primer candidato que apareció. Un hombre que no tenía carácter. Gastó los ahorros de Emilia y la dejó con deudas y un bebé moribundo.
Otra hija que apodaban Hetty, se escapó con un abogado que le prometió un hogar y un casarse con ella, a los pocos meses regresó al hogar, embarazada. Desafortunadamente, su padre, Samuel, la repudió y estúpidamente le demandó que se casara con un plomero para salvar su reputación. Ella aceptó, y padeció un matrimonio poco feliz. Luego de la muerte de Samuel, ella y su madre se reconciliaron, y gozaron de una rica relación.
Finalmente, su hermana Marta también se casó con un hombre que no tenía genuinos intereses espirituales. Le era infiel, trayendo a casa a sus hijos ilegítimos para que ella los criara. Al fin la dejó, y cruzó el mar con otra mujer. (8)
No es extraño entonces, que los repetidos abandonos de Samuel, su impericia de manejar su casa, su testarudez y arrogancia—les dejara sin un pastor y un consejero, y trajo gran dolor a la vida de Susanna.
Ella una vez escribió una oración que nos da luz en cuanto a su compromiso con los propósitos  soberanos de Dios. Oraba, “Todos mis sufrimientos, gracias a la admirable gestión de la Bondad Omnipotente, han concurrido a promover mi bien espiritual y eterno…gloria sea a Ti, Oh Dios. (9)
Susana Wesley nunca predicó un sermón o publicó un libro o plantó una iglesia, pero así y todo es conocido como la madre del Metodismo. Y es debido a que, a pesar de varios de sus hijos abandonaron la fe que con tanta persistencia ella enseñó, dos de ellos—Carlos y Juan—impactaron su mundo.
Carlos escribiría más de 9000 himnos. Juan predicó a un millón de personas al momento que el movimiento metodista incendió Inglaterra. Ese sistema metódico de estructuras y modelos, irónicamente reproducen las estructuras que mamó Juan bajo el tutelaje y consejo de su madre.
A diferencia de su esposo, Susanna dijo al fin de sus días, “Me siento contenta de ocupar un pequeño espacio si con ello glorifico a Dios”. (10)
Cuando murió su padre Samuel, Juan Wesley trasladó a su madre a la jefatura del Metodismo, que incluía una iglesia, una escuela y una clínica. Susanna partió a la presencia del Señor el 23 de julio de 1742. Su último pedido a sus hijos fue simple—cito—“Hijos, tan pronto como deje este mundo, alaben a Dios con un salmo”.
Su hijo Juan compró la tierra donde ella fue enterrada y construyó una casa cerca donde él vivió. Ponía su escritorio cerca de la ventana, de cara al cementerio. (11)
Era un modo de recordar el versículo que su madre intentó vivir: Hijo mío, escucha las correcciones de tu padre  y no abandones las enseñanzas de tu madre.  Adornarán tu cabeza como una diadema; adornarán tu cuello como un collar”. Proverbios 1.8-9
 
  1. Las citas están tomadas de Diana Lynn Severance, “Entramados Femeninos: Mujeres en el tapiz de la historia cristiana (Christian Focus Publications) p.212
  2. www.freepages.genealogy.rootsweb.ancentry.com/-gentutor/susanna.html
  3. www.historywomen.com/womenoffaith/SusannahWesley.html
  4. Ingvar Haddal, John Wesley (Abingdon Press, 1961) p.15
  5. www.lovetolearn.net/susanna-wesley-homeschool-mom.html
  6. Ibid.
  7. Haddal, p.20
  8. Adaptado de freepages.com
  9. Severance, p.214
  10. www.historywomen
  11. http://www.paulbarker.org/susannah_wesley.html
 
Anuncios

3 comentarios en “SUSANNA WESLEY, MADRE DEL METODISMO

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s