PENSAR COMO JESÚS. FILIPENSES 2

piensa comoJosé Nuñez Diéguez

¡Pensar como Jesús! Por supuesto, la pregunta siempre es, ¿Cómo pensaba Jesús? Los evangelios nos muestran a Jesús en acción, pero no nos dicen explícitamente lo que pasa por la cabeza de Jesús. Inferimos cosas sobre lo que piensa viendo los evangelios, pero no se discuten sus procesos de pensamiento.

Hay una percepción que vemos en la carta a los Filipenses especialmente Filipenses 2.5-8. Aunque Pablo no nos presente grandes detalles en el pensamiento de Cristo, nos da tres categorías de pensamiento para explorar. Tres categorías que si las entendemos y aplicamos pueden llegar a revolucionar nuestra forma de pensar. Si no pasamos tiempo en pensar lo que pensamos, en meditar en la matriz de nuestro ser, acabaremos haciendo cosas que no queremos. La tan mentada renovación que transformará nuestro entendimiento (Romanos 12.2) es el primer paso para entender dónde estamos parados hoy (la voluntad de Dios).

Parafraseando al texto

1. Que esta mentalidad esté en ti, la cual también estuvo en Cristo Jesús.
2. Quien, siendo en la forma de Dios, no pensó que era robo el hacerse igual a Dios:
3. Se hizo sin reputación, y llevó sobre sí la forma de un siervo, y fue hecho a semejanza de hombres:
4. Y siéndolo, se humilló a sí mismo, obedeció hasta la muerte, muerte de cruz.

I. Confianza sin Privilegio

Un cirujano de cerebro tomaba un paseo y vio un niño chocar con su bicicleta contra un árbol. Le pareció que el golpe era fuerte, y pidió una ambulancia. Al comenzar a tratar al herido, un jovencito se hizo paso entre la multitud que se comenzó a congregar y le dijo al doctor, “Déjeme a mi Señor, soy Boy Scout y estoy entrenado en primeros auxilios”.

La confianza es algo maravilloso especialmente, la capacidad de saber que tus conocimientos y habilidades son equiparables a los desafíos que encuentras. A esto le llamamos auto confianza. Aunque tenga alguna mala connotación, básicamente se refiere a tu actitud de confiar en tus habilidades. La primera característica del pensamiento de Jesús que Pablo menciona es que Jesús tenía confianza. Pablo dice en el verso 6, Quien, siendo en la forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual a Dios. Nos dice rápidamente que Jesús sabía quién era, lo que podía hacer, y todos sus derechos y la autoridad que le correspondía a esos derechos.

Esa es una cosa que veo en los evangelios: nunca Jesús se muestra inseguro, nunca vacila. Siempre tiene absoluta confianza en lo que dice y hace. Sabe cuál es su propósito, su misión, su lugar, y su poder. No hay nada que nos transmita duda. Después de todo, no hubiera pedido que abrieran la tumba de Lázaro si no estuviera seguro que podría resucitarlo.

Así que, Pablo describe a Jesús como alguien con confianza. Aún así, en el mismo versículo, nos dice que esa confianza que ostentaba Jesús es diferente a lo que uno podría esperar de una persona poderosa. Pablo dice que Jesús no se veía como usurpador de ser igual a Dios, lo cual es algo extraño de comprender tal como está traducido. Básicamente significa que Jesús no consideraba su deidad como un derecho adquirido, como una persona que encuentra dinero en la calle y lo considera suyo sin más. Podríamos decir que la confianza que Jesús demostraba en sus habilidades y su identidad no le vino como un sentido de privilegio adquirido. No sentía la necesidad de demandar un trato especial por lo que él era. Si bien estaba confiado en lo que pudiera hacer, en su poder, en lo que vino a realizar, no actuó como si ese poder le diera derecho a un pase VIP. Si la gente quería honrarle, lo aceptaba. Si elegían despreciarle, también lo aceptaba. Pensar como Cristo sería algo así como tener confianza, pero no pensar en privilegios.

Es una lucha para nosotros, porque la confianza y las habilidades son difíciles de adquirir en este mundo. El tiempo vivido nos ha llenado de cicatrices. Los viejos pastores se empeñaban a enseñar a sus jóvenes discípulos la importancia de tener una piel de rinoceronte. Significa que has trabajado duro para adquirir tus habilidades. Has estudiado, practicado, y con los años has adquirido una particularidad.

Usualmente, con la adquisición de estas habilidades, se corresponde un aumento de la confianza en sí mismo; tu sabes que lo puedes hacer. Y no hay nada malo con tener esa clase de confianza. Pero aquí está el desafío; con esa confianza ganada a pulso, también adquirimos la creencia que somos dignos de respeto.al menos, en las cosas que tienen que ver con esas habilidades. Pienso que si me piden usar esas habilidades, tengo el derecho de esperar una cierta deferencia hacia mí. En otras palabras, si me invitas a predicar, al menos, trátame bien. Déjame disfrutar de un buen hotel. Págame confirme a esas habilidades.

Así es como todos piensan en el mundo. Tenemos habilidades y expectativas. Cada persona que confía en sí mismo, piensa que tiene algún que otro grado de privilegios. Y ser tratado por debajo de esa expectativa, es pensar que se lo desmerece.

Pero el pensar como Cristo se caracteriza por una confianza que no espera privilegios; la habilidad de hacer lo que puedas sin sentir necesidad o demandar o esperar honor, respeto, o aún, reconocimiento. Y puedes hacerlo porque tu identidad, tu ego, no es tan frágil, no tienes que sujetarlo con desesperación, a no ser que alguien te lo quiera robar. Tu haces lo que haces porque puedes hacerlo y porque lo necesitas hacer. Eso es todo.

II. Ser comprensivo sin ser condescendiente.

Sin duda han oído hablar del actor británico Peter Sellers, tal vez en el rol del Inspector Clouseau en las películas de la Pantera Rosa. Dicen los que trabajaron con él que cuando se metía en un papel actoral, nunca terminaba de salir de él hasta terminar de filmar la película. En su libro, La Máscara detrás de la Máscara, el biógrafo Peter Evans dice que Sellers hacía tantos papeles que a veces no estaba seguro de su propia identidad. Una vez, alguien se le acercó y le preguntó si él era Peter Sellers. El actor contestó, “Hoy no” y siguió caminando.

Para nosotros, la idea de perder nuestro ser distintivo, la pérdida de identidad, es algo aterrador. En nuestro mundo occidental, grandes sumas de dinero y tiempo se gastan en viajes para descubrirse a uno mismo. ¿Quién soy? ¿Qué clase de persona soy? Esta comprensión es central para ser capaz de apreciar a otros. Creo que no es incorrecto. Cuando comenzamos a entendernos a nosotros mismos, una vez que emerge un fuerte sentido de identidad, nos aferramos firmemente a él por el resto de la vida. Esto soy yo, Esto es lo que yo soy. Esto es lo que me hace diferente. Esto permite que otros me conozcan. La idea de que, después de haber tenido que trabajar tanto para conocerme ahora pierda lo que logré, es intolerable. Esta mezcla única de sentimientos, apariencia, práctica, y creencia hace que sea lo que soy, o sea, yo. Y ahora este sentimiento de identidad es tan importante, que debo retenerlo. Acá llegamos a la segunda característica de cómo piensa Jesús; él es comprensivo. En Filipenses 2.7 Pablo escribe, Se humilló a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres. Literalmente se vació a sí mismo, se despojó de aquello que con más facilidad lo identificaba como diferente. Se hizo tan ordinario que, a pesar de los milagros que hizo, no pudo convencer a la multitud. Ni su altura, ni su conformación física, ni su acento le hacían diferente a otros judíos. Esto es condescendencia en estado puro; se inclinó tanto que pensamos que era como nosotros. Se despojó de sus riquezas para experimentar la pobreza, se despojó de la fuerza para conocer nuestra debilidad, la eternidad para degustar nuestra mortalidad. Y lo hizo sin ser condescendiente…en el peor sentido de la palabra. Lo hizo sin arrogancia, sin la principesca actitud de arrogancia, sin informarnos que no era como nosotros. Enseñó, curó, libró, alimentó, calmó intentando constantemente elevar a la humanidad del lodo, mientras estaba rodeado de nuestro lodo. Estaba en el mundo, y el mundo por él fue hecho, y el mundo no le conoció. Dejemos que este modo de pensar sea nuestro modo de pensar, dice Pablo. Vaciarse a uno mismo para llegar a ser lo que otro necesita. Pero, estoy tan preocupado en preservarme, asiéndome a mi identidad, que lo que Pablo me propone me da un poco de miedito. No puedo ser lo que todos quieren que sea. Y eso es probablemente verdad no pienso que pueda. Pero tal vez yo pueda ser un poco más de lo que alguien necesita, si solo dejo de estar preocupado con ser yo mismo. Quizá a esto se refiere Pablo en 1 Corintios 9. 20-22 donde escribe

20 Con los judíos me vuelvo como un judío, para ganarlos a ellos; es decir, que para ganar a los que viven bajo la ley de Moisés, yo mismo me pongo bajo esa ley, aunque en realidad no estoy sujeto a ella. 21 Igualmente, para ganar a los que no viven bajo la ley de Moisés, me vuelvo como uno de ellos, aunque realmente estoy sujeto a la ley de Dios, puesto que estoy bajo la ley de Cristo. 22 Con los débiles en la fe, también para ganarlos, me vuelvo débil como uno de ellos. Es decir, que me he hecho igual a todos para de alguna manera poder salvar a algunos. (Versión Dios habla hoy)

El pensar como Cristo está caracterizado por la condescendencia que no es lo mismo que ser condescendiente. La habilidad de ser lo que otro necesita, el poner a un costado lo que uno es por la causa de otro. Y hacerlo con la más pura naturalidad.

III. Humildad sin servilismo

Una joven mujer llamó aparte a su pastor un domingo por la mañana y le dijo, “Pastor, tengo un problema un pecado que me asedia y quiero su ayuda. Un domingo llegué a la iglesia y no pude dejar de pensar que soy la chica más linda de la congregación. Sé que no debo pensar eso, pero no dejo de pensarlo. Quiero que me ayude”. El pastor le contestó, “Bueno, Susana, pienso que no debes preocuparte por eso. En tu caso no es un pecado es solamente una horrible equivocación”.

La humildad baja despacio por la escalera, y el orgullo sube rápido por el ascensor. Hay orgullo por el lugar, la posición, la asociación, el origen, el logro y la apariencia. Orgullo de vivir donde vive, orgullo por su rol en la sociedad, o su grupo de pertenencia, orgullo por su origen. Orgullo por lo que ha hecho y por el reconocimiento. Alguno de estos orgullos no son malos. ¿verdad? Hacemos juegos mentales tratando de explicarnos que un orgullo, más que otro, puede ser aceptable, mientras que otro es insidioso. Un proceso que no nos permite ver detrás del sistema de nuestra fe los varietales de orgullo que se forman como plieguesa la postre, todo es orgullo. Por otro lado, la humildad es más sencilla comprenderla. Lo definamos en latín o griego, tiene que ver en ser poco, el verse a sí mismo como menos. Es fácil comprenderlo, pero difícil practicarlo porque humana y culturalmente todo dentro nuestro protesta a los gritos la idea de ser menos. Nos esforzamos por más, hacer más, ser más y ser visto como más. Culturalmente, estamos infatuados (vanidad infundada) con la igualdad. Yo quizá no sea más que tu, pero tu ciertamente no eres más que yo. En tanto que la humildad puede ser fácil de comprender, no se puede negar que nos es difícil. ¡Esta dificultad es característica de la mente de Cristo! El pensamiento de Cristo es humildad sin servilismo. Esto es como pensaba Jesús, dice Pablo en Fil 2.8. Y se humilló a sí mismo, y se hizo obediente hasta la muerte, hasta la muerte de cruz. Se hizo pequeño a sí mismo. Es un desafío más grande para nosotros, porque somos realmente incapaces de humillarnos sin primero ser humillados. Debemos soportar una serie de eventos mortificantes para ser hechos humildes, y luego debemos tener nuestra dosis regular de humillación para mantenernos humildes. Nuestra tendencia natural es levantarnos, y por eso de tanto en tanto alguien revienta nuestra burbuja. Pero Jesús no. El se humilló a sí mismo.

Y de alguna manera abrazó esta humildad sin servilismo. Se hizo pequeño sin necesidad de arrastrarse y ser adulador negando ser quien era o distrayéndose de su misión. La humildad vista así no es un acto; no es algo que tratas de hacer, o un camino que has proyectado. Es un estado del ser; un modo de pensar que se transforma en un modo de ser. Una forma de pensar que está centrada en la misión. Jesús se humilló, obediente hasta la muerte, porque esa era su misión, su propósito. Jesús sabía desde el comienzo de su ministerio que se las vería con publicanos y pecadores, que sus asociados serían una variopinta mezcla de trabajadores y radicales, que él mismo estaría tildado de criminal, acabando desnudo en una cruz. Aún sabiendo esto desde el principio, nada pudo humillarlo. Tu no puedes humillar a un hombre que ya se humilló a sí mismo.

Pensar como Cristo está caracterizado por la humildad sin el servilismohumildad auto impuesta y focalizada en la misión. Visto esto, la experiencia de la vergüenza, el rechazo, el ser ignorado, no reconocido, poco apreciado es algo intrascendente; lo que importa es que hagas lo que Cristo quiere que hagas.

Cierre:

Que esta sea nuestra mentalidad. Dejemos que el modo de pensar de Cristo se convierta en nuestro pensar. Ser confiados sin un sentido de privilegio. Condescendiente sin arrogancia. Abrazar la humildad sin servilismo. Y si pensamos como Jesús, terminaremos actuando como Jesús. Exprimo mi cerebro pensando una historia que sirva de ejemplo que ilustre este tipo de pensamiento. Los oradores, especialmente los predicadores saben de la importancia de una historia que sea capaz de resumir el mensaje general del sermón y hacerlo real.

Creo que el ejemplo perfecto es una vieja historia antigua que no puede aggiornarse. La historia de un Rey que se hizo siervo, de un Dios que se hizo hombre de cómo el Señor de la creación dejó a un lado su esplendor, su majestad, su honor y se convirtió en Emanuel, Dios con nosotros para estar con nosotros. Para estar con el humilde, el pobre, el pecador, el criminal, el vano…para estar con el herido y el heridor, el abusado y el abusador, el sufriente y el que infligió el sufrimiento para estar con nosotros.

Creo que no hay mejor ejemplo de ser como Cristo que el mismo Cristo. Y no hay mejor historia que Su historia. Si queremos, hermanos, vivir una vida que tenga sentido, una vida redentora, una vida que tenga una larga influencia para el bien de otros, pensemos como Jesús.

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