LA IGLESIA: HOMBRES CON HOMBROS

José Nuñez Diéguez 

castellersPara comprender el alcance de este artículo le sugiero que mire este vídeo de 3 minutos (link).

Al verle automáticamente pensé en la iglesia y en Gálatas 6. Estos castellers (castillos humanos) son originarios de los valles catalanes en España. Datan del siglo XVIII y son una magnifica parábola de la comunión verdadera. ¿Comprende por qué se ciñen los lomos? Hombres, y mujeres, y niños: unos a hombros de los otros. Sosteniendo un proyecto con decisión y…hombros. Pasión. Entrega. No es una rutina. No es un simple ir domingo tras domingo. ¡¡¡¡Es ser!!!! En nuestra cultura occidental “los hombros” son símbolo de fuerza (“poner el hombro”, decimos) o de lugar de consolación (“tener un hombro donde llorar”). En la epístola a los Gálatas parecería que existe una contradicción: “Sobrellevad los unos las cargas de los otros” (6.2) y “Cada uno llevará su propia carga” (6.5). En castellano tenemos una misma palabra, pero en griego tenemos dos: báros y fortión. La primera, utilizada en 6.2, significa la carga de la existencia humana; son las obligaciones de una persona responsable. Las debe llevar él mismo (báros) en este sentido se utiliza en Mateo 20.12 y Hechos 15.28-29. La segunda (fortión), utilizada en 6.5, tiene más bien el significado de responsabilidad. Fortión es usada en Hechos 27.10 en ocasión en que el barco en que viajaba Pablo estaba a punto de naufragar, se dice que echaron al mar toda la carga  (fortión) que llevaba el barco. En el Evangelio se usa fortión, en sentido negativo, para señalar las cargas que los escribas y fariseos colocaban en los hombros de los hombres a pesar de que ellos mismos no asumían esa responsabilidad (Mateo 23.4, Lucas 11.46). Jesús habla de cargas en el sentido positivo cuando dice, “mi yugo es fácil y ligera mi carga” (fortión), Mateo 11.30 Báros sería el peso indispensable (lastre) para la existencia del barco, para poder flotar, pues si le falta un pedazo daría una vuelta de campana y se hundiría. Sólo cuando el barco tiene asegurada su existencia como tal, está en condiciones de llevar su cargamento (fortión).   Aplicando esta imagen a Gálatas 6.2, 5, debemos interpretar el verso dos en el sentido de que puede haber en la iglesia personas que no puede mantener su báros y por lo tanto su vida cristiana corre serio peligro. En tal situación actúan “los hombros” de los hermanos; “sobrellevad los unos las cargas de los otros”. Pero toda nave tiene como finalidad llevar cargamento, en Gálatas 6.5 se nos indica que cada creyente tiene una responsabilidad que asumir. Preparar hombres para que, Biblia en mano, pongan su hombro para sostener y consolar. Cada uno de nosotros tiene su propio fortión. ¿Qué es para mí el hermano X? ¿Una carga en sentido báros? ¿Una carga en sentido fortión? La respuesta estaría determinada por nuestra actitud personal frente a la cruz. Si no se ha logrado la crucifixión del viejo hombre (Romanos 6.6) seguramente tal persona será para nosotros una desagradable espina que nos molesta permanentemente y que desearíamos expulsar de nuestra comunidad cristiana, si pudiéramos. Es necesario abandonar la escalera de medir en los demás y medirnos con la cruz de Cristo. Necesitamos cruz para nosotros y no escalera (1) para los demás. Para lograr estos castillos humanos hace falta amistad verdadera, comunión bíblica. Tiempo juntos. Llorar y reír juntos. No es un simple programa de la iglesia para la fotito que colgaremos luego en Facebook. Es un estilo de vida. Quizá ahora comprenda por qué en la Biblia no se habla de “ir a la iglesia” sino de “ser iglesia”. No es ser espectador de un espectáculo que se da domingo tras domingo desde el frente, sino ser parte integrante, hombro con hombro… Una correcta actitud ante la cruz puede convertir la espina despreciada y odiada en carga (báros) que, sostenida por un genuino amor, puede resultar en el crecimiento espiritual que permita al hermano en conflicto asumir su ministerio responsable (fortión) para la gloria de Dios y bendición de los hermanos.    (1) Me refiero a aquel filósofo griego, Protágoras, que medía a todos según su escalera. Si la persona era más corta, la estiraba, si era más largo que la escalera, le cortaba los pies. Quiero decir que no midamos a la gente según nuestra escalera (nuestros criterios).- 

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