FÚTBOL Y RELIGIÓN

 

José Nuñez Diéguez

 

futbol religion“El fútbol es la única religión que no tiene ateos”. Eduardo Galeano, uruguayo.

 

Los antropólogos nos dicen que el fútbol tiene una vinculación con la religión: es más allá de que muchos deportistas en los últimos años han hecho profesión de fe, especialmente en Brasil.

Estos cientistas sociales lo ven como una válvula de escape de tensiones individuales o colectivas.

El fútbol como nuevo “opio de los pueblos” tiene sus seguidores, quienes religiosamente van los domingos al templo (el estadio local). Están los oficiantes o líderes que se santiguan al pisar el terreno de juego, o catedral del fútbol, señalan con sus índices al aire luego de un gol. Tienen sus militantes acérrimos que son tan fervorosos como los hermanos en las iglesias que llamaríamos “fieles”. Y tienen también hinchas que solo participan del fervor en algún que otro partido, fríos, que saben poco del desarrollo del juego o quiénes integran sus cuadros. Convertidos por cuestiones familiares, se dicen a sí mismos “no soy un fanático”.

La explicación política de la creación del fútbol en el siglo XIX era la necesidad de controlar a la población de las fábricas para que produjeran más. El ocio también fue necesario controlarlo y vigilarlo porque las clases dominantes, sobre todo en Inglaterra, temían la desintegración social y el desorden. Fomentar la rivalidad entre fábricas, y luego entre las escuelas de los señoritos de la aristocracia, fue la piedra de roque del liberalismo inglés: una especie de darwinismo social deportivo. El mejor gana, y, como dijo el fallecido piloto brasileño Ayrton Senna: “el segundo es el primero de los perdedores”.

 ¿Dónde entra la religión en el fútbol?

  Además de las escuelas, la iglesia fue una de las mejores agencias de difusión del mensaje deportivo. En Escocia hay dos equipos con un gran antagonismo como el Celtic (católico) y el Rangers (protestante).

Jugadores musulmanes del Newcastle inglés, se niegan a vestir la camiseta de su equipo con el patrocinio de una empresa de préstamos a corto plazo con alto interés, algo en contra de la Ley de la Sharia. Muchos se disponían a salvar almas con la Biblia en una mano y el balón en la otra. Dos equipos que ostentan los mismos colores como San Lorenzo de Almagro (Argentina) y el Fútbol Club Barcelona (España). Ambos visten el azul y grana. San Lorenzo, fundado en honor al padre Lorenzo Massa en 1908 y el Barça, en 1899 por protestantes extranjeros, de quienes hablaremos en otro artículo.

 ¿En la iglesia tenemos esa clase de “hinchas” como tiene el fútbol? Un hincha fiel a sus partidos de domingo puede explicar jugadas, conoce jugadores, recuerda goles memorables, puede decir de corrido la serie de campeonatos ganados, lee periódicos de fútbol, participa por teléfono de los programas de radio opinando, escribe en diarios digitales y hace comentario de diferentes calibres. Aplique Ud. eso al miembro común que domingo tras domingo va a la iglesia. ¿Sabe tanto de Jesucristo como el fanático de su club? ¿Puede hilar una conversación sobre textos bíblicos? ¿No se ha dado cuenta Ud. que muchos llegan a la iglesia para una cosa: escuchar. Solo se les pide eso. Si somos un reino de sacerdotes, ¿Dónde ejercemos nuestro sacerdocio? Luego de tanto escuchar deberíamos ser casi maestros en el arte de la teología. El fanático futbolista es fiel cuando participa de su equipo, se identifica con él, en las malas y en las buenas. El creyente es fiel si va a la iglesia bien vestido, ofrenda y escucha.

 Aun así el fútbol nos da buenos ejemplos

“Dios vale más que 10 millones de dólares”, dijo Carlos Roa, (arquero – portero) mundialista argentino (Francia 1998) que brilló en el Menorca de España. Dijo eso cuando decidió rechazar la oferta del Manchester United y abandonar la práctica del fútbol porque no lo podía conciliar con sus actividades en la iglesia Adventista (jugar los sábados), de la cual hoy es pastor.

 

Tomar decisiones difíciles es muestra de madurez: “…los que a fuerza de práctica están capacitados para distinguir entre lo bueno y lo malo”. Heb 5.14 Nueva Traducción Viviente, 2010

Seguiremos con “El Fútbol y la Política”

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