LA CULPA SIEMPRE ES DEL OTRO

Jose Nuñez Diéguez

culpaConversaba ayer con una enfermera de unidad coronaria de cuidados intensivos, una enfermera profesional de un prestigioso hospital de Buenos Aires.

Le comentaba lo duro que debe ser para un cirujano el perder un paciente en medio de la operación. Ella, muy tranquila, me dijo que realmente no pasaba mucho. Porque ellos tienen “sus trucos” para que no suceda. Al ver que un paciente no tenía chances de vivir mucho más en la mesa de operaciones, lo drogaban y lo mandaban a sala. La idea es que no se les muriera a ellos, sino a los cardiólogos de sala.  Todo esto es por razones de estadísticas. O sea, las estadísticas les favorecen a estos fulanos cirujanos y los cardiólogos cargan, en ese hospital al menos, con el baldón de ser profesionales poco competentes. Las estadísticas son su epitafio.

Esa manera de vivir ya viene desde Adán, cuando le echa la culpa a Eva, y por un tiro de elevación a Dios mismo, por habérsela “presentado”.

Ya lo dijo el escritor español Baltasar Gracián, “Errar es humano, pero más lo es culpar de ello a otros”.

Vivimos en la “la cultura de la compensación”, en la que los litigantes, buscando una compensación monetaria por injuria personal, han abultado las agendas de los juzgados. Pero más que un fenómeno judicial, esto revela un cambio perturbador en la actitud hacia las dificultades de la vida. Mientras que en una época, la aceptación del sufrimiento y la responsabilidad fueron considerados rasgos admirables, hoy son vistas como una falta de espíritu luchador. Por el contrario, demandar para hacer una fortuna a partir de una desgracia es considerado defender los derechos propios.

No solo Adán, sino que tampoco su hijo Caín aceptó su responsabilidad por la muerte de su hermano, y no solo fue el primer asesino, sino que también fue le inventor del sarcasmo, “¿Acaso soy el guarda de mi hermano?”  

El Midrash judío revela que en las palabras de Caín había más que una negación descarada: “¿Acaso soy el guarda de mi hermano?”, como si le dijera a Dios, “Tú eres el guardián de toda la creación, ¿y me preguntas qué le ocurrió?”. El Midrash explica en forma de parábola: “Esto es comparable a un ladrón que ha robado de noche, evadiendo al cuidador. Sin embargo, a la mañana siguiente el cuidador atrapa al ladrón, y le dice: “¿Por qué robaste esas cosas?”. “Yo soy un ladrón” le responde, “y estaba ejerciendo mi profesión. Tú eres un cuidador. ¿Por qué descuidaste tu profesión? Así también le dijo Caín a Dios: “Yo lo maté. [Pero] Tú me creaste con una inclinación hacia el mal. Tú eres el cuidador de todo, y me has permitido matarlo. Tú eres el que lo mató. Si hubieras aceptado mi ofrenda, al igual que la de él, yo no hubiera estado celoso de él”.

El mes de Elul es el último m es en el calendario hebreo moderno, se lo conoce como el “mes del arrepentimiento” ya que precede las fiestas del Rosh Ha shaná y el Yom Kipur. En Israel se toca el cuerno de carnero (shofar) para despertar los corazones a la introspección y al arrepentimiento, como dice el profeta Amós 3.6 , “¿Se tocará la trompeta en la ciudad, y no se alborotará el pueblo?…”  

No estamos en el último mes, pero podemos meditar y ver en qué nos hemos equivocado recientemente, enmendar, no es necesario esperar a fin de año para hacer balances. Esto puede conducir a la depresión en lugar del arrepentimiento. En hebreo, las letras E-L-U-L representan aní leDodí veDodí li, “yo soy para mi Amado y mi Amado es para mí”. Podría significar que Dios con Su pueblo tiene una relación especial. Y tiene que ser recíproco ese amor. Al haber conocido a Cristo podemos cambiar, y quizá dejar el sarcasmo. Veamos de no culpar a nadie por lo que hacemos. Meditemos en nuestros caminos. Hay en la Escritura una metáfora en extremo sugerente: Dios arroja todos nuestros pecados a lo profundo de la mar y nunca más se acuerda de ellos (Miqueas 7:19; Isaías. 43:25). Cierto comentarista, atinadamente y con cierto humor, añadió que además Dios puso un letrero en la playa con la inscripción “Prohibido pescar”. Cierto. Lo que Dios ha hecho desaparecer en las profundidades del pasado ningún hombre puede sacarlo a la superficie del presente o del futuro.

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