BONHOEFFER, A 69 AÑOS DE UN CRIMEN

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José Nuñez Diéguez. 

En el año 1906 nacieron 3 personas en lo que era en ese entonces Alemania, y que jugaron un gran papel en el Segunda Guerra Mundial. Hannah Arendt (14 de octubre), de ascendencia judía, escapada a Francia y luego Estados Unidos. Fue una politóloga que se encargó de escribir un libro, Eichmann en Jerusalén, donde habló valientemente sobre la banalidad del mal. Ella fue testigo del juicio contra Eichmann en Israel, y de su posterior ahorcamiento en 1963. En el libro Arendt se pregunta cómo puede ser que un simple hombrecillo sin muchas luces como Adolph Eichmann haya podido ser responsable por la matanza de tantos judíos. También fue valiente en decir que muchos rabinos judíos pagaron para salvar sus vidas y la de algunos otros judíos, enviando a la muerte a otros miles, menos nobles, menos aptos. Adolph Eichmann (19 de marzo) fue el jerarca nazi que se escondiera en Argentina, con pasaporte extendido por el Vaticano, para huir de esos crímenes que le adjudicaron. En su juicio supo decir que si el partido nazi le hubiera pedido que matara a su padre, lo habría hecho sin dudar. Que no tenía nada en particular contra los judíos. Su crimen fue en no cuestionar las órdenes. No pensar. El tercero es Dietrich Bonhoeffer (4 de febrero), pastor y teólogo luterano que un día como hoy, (9 de abril), en 1945,  moría a manos de los nazis en una prisión. Fue colgado, desnudo con una cuerda de piano,  presurosamente pues los Aliados ya estaban cerca. Se lo sentenció por haber atentando contra la vida de Hitler en 1943.  Poco antes de ser llevado al cadalso dijo, “Este es el fin. Para mi es el comienzo de la vida”. El médico de la prisión testificó, “He visto al pastor Bonhoeffer de rodillas delante de su Dios en intensa plegaria. La manera perfectamente sumisa y segura de ser escuchado, con la que este  hombre extraordinariamente simpático oraba, me conmovió profundamente. En el lugar de la ejecución todavía oró, luego subió al cadalso. La muerte tuvo lugar en pocos segundos. Durante los cincuenta años que llevo de práctica médica no he visto morir a un ser humano tan totalmente abandonado en las manos de Dios”.

En 1935 el pastor Bonhoeffer abrió un Seminario como experimento de la vida en comunidad. El estaba convencido que era imposible ser un seguidor de Cristo aparte de una vida sin comunión con los creyentes locales. En su libro “La Vida Juntos” dijo, “El cristianismo significa una comunidad a través de Jesucristo y en Jesucristo”.  Para él era algo más que una teoría. Se cerró en 1937 por presión de la Gestapo. El libro se publicó en 1939.

Para Bonhoeffer, la comunión con nuestros hermanos y hermanas en la iglesia era una manera para que Jesús ministrara a su pueblo. La comunión con los hermanos nos provee una oportunidad de bendición y servir unos a otros. El pastor y predicador del siglo XXI no solo debe predicar sobre la necesidad de la comunión, sino que personalmente debe practicar la comunión con ellos durante la semana. 

Un predicador que le huye a la gente o es superficial en sus relaciones con los hermanos se ganará la reputación de no ocuparse de su gente.  Esto trae un efecto adverso sobre su predicación porque los hermanos en los bancos pueden leer que a cada mensaje le falta frescura. En Juan 13.34-35 Jesús dijo que la gente vería que somos sus discípulos si practicamos ¿qué? ¿Homilética? ¿Estudios socio retóricos del texto? Todo eso es valioso. El mismo Bonhoeffer era un académico brillante. Pero amor es la respuesta…”si os amáis unos a otros”.

Dijo: “La iglesia sólo es iglesia cuando existe para los demás. Para empezar, debe dar a los indigentes todo cuanto posee. (…) La iglesia ha de colaborar en las tareas profanas de la vida social humana, no dominando, sino ayudando y sirviendo. Ha de manifestar a los hombres de todas las profesiones lo que es una vida con Cristo, lo que significa “ser para los demás”.

“Ciertos cristianos, y en especial los predicadores, creen a menudo que, cada vez que se encuentran con otros hombres, su único servicio consiste en “ofrecerles” algo. Se olvidan de que el saber escuchar puede ser más útil que el hablar. Mucha gente busca a alguien que les escuche y no lo encuentran entre los cristianos, porque éstos se ponen a hablar incluso cuando deberían escuchar. Ahora bien, aquel que ya no sabe escuchar a sus hermanos, pronto será incapaz de escuchar a Dios, porque también ante Dios no hará otra cosa que hablar”.

Estoy convencido en este siglo XXI febril, autoritario y a la vez tolerante que la iglesia es algo mucho más simple de lo que hemos hecho hasta ahora. Mire sino esta frase y contrástela con los pastores, apóstoles, mega pastores, y “pequeños papas”,  dueños de congregaciones, más parecidas a frigoríficos que a rebaños: “Autoridad pastoral sólo podrá hallarla aquel servidor de Jesús que no busca su propia autoridad; aquel que, sometido a la autoridad de la palabra de Dios, es un hermano entre los hermanos”.

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