UN PUENTE ENTRE LOS SIGLOS I Y XXI (1)

jesus as discipleBill Hull

Jesús usó a los Fariseos como ejemplo de cómo no discipular a otros. Explicó por qué su entrenamiento era abusivo, hipócrita, egoísta (Mateo 23.1-7). Ellos representaban la manera tradicional de influir a otros, pero Jesús ofreció una alternativa. Construyó un puente para nosotros.  

 Pero vosotros no queráis que os llame Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos.  Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo.  El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo.  Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Mateo 23.8-12

Ellos eran hermanos, y tenían que servir a otros, no enseñorearse de otros. Ellos tenían solo un maestro y ese era el Cristo. Ellos no debían abrir la escuela de Pedro, de Pablo, de Santiago. El propósito de su enseñanza era producir más seguidores de Jesús. El enseñó el poder de la humildad en el espíritu y sumisión y comunidad. Esta es la manera de tener una tracción de transformación, practicar una fe que transforma. Adoptar las cinco características de un discípulo del siglo primero, modificadas por Jesús, es el secreto de una transformación personal que guíe a una transformación de la iglesia que resulte en una transformación cultural.

 1 Un discípulo se somete al líder que le enseña a seguir a Jesús. Esto es lo que rescata al discipulado de ser un proceso sin resultados. Lo dije muchas veces—no puedes hacer discípulos sin rendir cuentas, y no puedes tener rendición de cuentas sin estructura. La instrucción de Jesús fue “enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado…” (Mateo 28.20).

Uno de las cosas que descubrió el encuestador George Barna es que la mayoría de la gente en los grupos pequeños está satisfecha con el proceso sin importarles el progreso.  Cuando digo que nuestro discipulado es muy rápido y programado, también estoy hablando de la falta de sumisión personal en los grupos, grandes o pequeños. Sin humildad, no hay sumisión; sin sumisión no permito que otros hablen a mi vida. Así que la gente puede ir a través de programas y estudios bíblicos, pero no se permite rendir cuentas a otros, y lo aleja como si fuera una peste. Mucha gente, muchos pastores, han navegado a través de los mejores materiales de discipulado, pero permanece intocable su ser interior, o al menos intocables sus secretos bajo siete llaves. Soy parte de una comunidad donde puedo compartir todo a todos. Sé que soy amado y aceptado y que todas mis confesiones permanecerán confidenciales. Dentro de este pequeño círculo puedo caminar completamente en la luz, y es el lugar más seguro que alguien puede encontrar. Aquí no hay tonterías, sino hablar honestamente. Los Cuáqueros tenían lo que llamaban un comité de transparencia—personas que pueden ayudarnos a encontrar la guía de Dios. Mi círculo de hermanos es eso. Solamente cuando hablo de mis barreras a la obediencia—los pecados que me pueden—es cuando remuevo las barreras de mi transformación.- 

tomado de la nueva edición de Jesús como Discipulador, p. 14-15, Baker Books, 2da edición, 2004

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