¿PUEDE UN CRISTIANO DEPRIMIRSE?

depresionEn los últimos tiempos hemos escuchado del suicidio del hijo del pastor Rick Warren y también del hijo de un conocido cantante dentro del mundo anglosajón, me refiero al hijo de Ron Hamilton, famoso por interpretar canciones para niños como “Parche, el Pirata”.

El psiquiatra cristiano Adrian Warnock responde algunas preguntas sobre este tema.

Proverbios 15.13 “El corazón alegre se refleja en el rostro, el corazón dolido deprime el espíritu” (NVI).

 La primera pregunta es increíblemente fácil de responder. ¿Puede un cristiano deprimirse? La respuesta es un rotundo SI.

Siendo un blogero, quiero decir algo más. ¿Por qué algunas sienten que los cristianos no pueden o al menos no deben deprimirse? Algunos arguyen que los cristianos deben ser capaces de rechazar la depresión “por fe”.

Muchos estarían en desacuerdo en aplicar esa noción a una enfermedad física. La verdad sea dicha, sabemos que los cristianos se enferman. Nunca escuché que un “sanador por fe” llegara a los 130 años de vida. Todos los grandes líderes del pasado han sucumbido a alguna enfermedad. No mueres simplemente por envejecer.

Tan pronto como aceptamos que los cristianos se pueden enfermar, debemos reconocer que también se pueden deprimir.

La depresión, como el Desorden Afectivo Bipolar, la esquizofrenia, los desórdenes de esquizofrenia, y un número de otras condiciones psiquiátricas, es una enfermedad real. Podemos no comprender la enfermedad mental tan bien como otras enfermedades.  Nuestros tratamientos puede que no siempre funcionen. Pero hay mucha evidencia de que una causa física puede ser parte del cuadro. Por ejemplo gemelos criados por separado tienen más posibilidades de deprimirse si el otro gemelo lo hace, especialmente si son genéticamente idénticos.

La carga de tener una enfermedad mental es muy duro de llevar. Los cristianos deben aprender a aliviar ese peso. Frecuentemente las iglesias le agregan a los sufrientes una sensación de culpa de que “no tienen” que sentirse así.

El evangelio promete “un gozo indescriptible y glorioso” 1 Pedro 1.8 (NVI). Entonces ¿cómo podemos estar tan tristes? El evangelio también promete una vida libre de pecado. Pero sabemos que estas promesas solo tienen un cumplimiento parcial en esta existencia terrenal. Jesús mismo nos enseñó a orar “que venga tu reino, tu voluntad sea en el cielo como en la tierra” precisamente frecuentemente no se hace aquí. Aún los calvinistas deben aceptar que mucho de lo que pase en esta tierra es contrario a la voluntad revelada de Dios.

Pablo nos habló de una paradoja en la experiencia cristiana en 2 Corintios 6 donde se describe a sí mismo como “aparentemente tristes, pero siempre alegres”.  El cristiano puede tener un estado de complejo emocional donde el gozo del perdón batalla con una depresión insaciable, y la esperanza de la eternidad lidia con la desesperación. Una vez Pablo dijo de sí mismo, “me invade una gran tristeza y me embarga un continuo dolor” Romanos 9.2 (NVI).

No hace falta leer mucho de los Salmos para descubrir que el rey David y otros salmistas tuvieron momentos que sufrieron de depresiones severas. Por ejemplo los Salmos 6, 30 y 31.

Un mensaje de la Biblia y de los Salmos en particular es que la depresión tiene un punto final. Gracias a Dios muchos de los sufren, tienen momentos de resolución. Vemos que en Salmos la frase, “Por la tarde durará el lloro, y a la mañana vendrá la justicia” (Salmo 30.5).

Pero, como vimos en el trágico caso que iniciaba este artículo, la declaración generalmente es verdadera, no es verdad en cada caso. O al menos no siempre es verdad en esta vida.

Los teólogos a veces hablan de una “escatología sobredimensionada”. Esto sucede cuando hablamos de los beneficios del evangelio que se nos promete para la eternidad, y asumimos que están disponibles completamente para nosotros hoy. Dios sana la depresión en esta vida. Pero no sana a todos. Sin embargo, él promete un futuro, donde “Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y la muerte no será más; y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor: porque las primeras cosas son pasadas”. (Apo 21.4)

Es una gloriosa promesa para cada cristiano que está afectado por la enfermedad mental. Fíjese que las repercusiones de este desorden afectan a todos los que tienen conexiones con alguien que padezca la enfermedad mental. Hay enfermedades que afectan a la sociedad, no meramente los individuos. El tiempo no me permite hablar largamente sobre los muchos ejemplos de grandes cristianos a través de las edades que sufrieron de depresión. Los dos que me vienen a la mente son Guillermo Cowper y Carlos Spurgeon. Refiero al lector a la excelente biografía de John Piper donde habla de ellos y explica el rol que tuvo la depresión en sus vidas. De Cowper, dice Piper:

 “Desde el punto de vista de la aventura de la política tremendamente tranquila. La clase de vida que ningún adolescente quisiera leer. Pero para aquellos de nosotros que somos mayores, vemos que los eventos del alma son los más importantes de la vida. Y las batallas en el alma de este hombre eran de proporciones épicas”.

 El cristiano no acepta la depresión meramente como una parte inevitable de la vida. La reconoce como una invasión alienígena, como el pecado y otras enfermedades. Pelea con ellas con toda su fuerza. Pero él puede y debe buscar ayuda en otros.  Y él debe saber que para un cristiano la depresión un día será vencida. Y así, oramos, ‘¡Señor, haz hoy lo que prometiste que harías un día!’.

Aprender a orar de ese modo significa que no somos una caricatura estereotipada de los musulmanes que dicen “inshallah” y simplemente aceptan todo como que viene el destino. Lo que podría traducirse libremente “¡lo que será, será!”. No, no significa que debamos ser estoicos.

Debemos enfrentar el hecho que hay muchas cosas en este mundo que no están bien. Y debemos pelear, en nuestras vidas, y en ayudar a rescatar a otros de las garras de todo aquello que Dios no pretendió para nosotros. Y oramos. Oramos en la esperanza de que Dios, quien ha prometido que nos libraría para siempre puede hacer, y nos da anticipos de esa liberación aquí y ahora. Y nos regocijamos con aquellos que experimentan esos toques sobrenaturales de Dios. Y nos regocijamos con aquellos cuya sanidad proviene de la mano experta de los doctores, provistos por Dios. Y tenemos compasión hacia aquellos que no recibirán en esta vida ningún alivio.

La Biblia no ignora la depresión. No tiene vergüenza de hablar de ella. Dios comprende.  Porque aquel que inspiró cada palabra fue tentado como nosotros. Y como recordamos cada Pascua, Jesús mismo en la cruz se tuteó con el dolor. El llevó nuestra depresión. Mientras tanto, aunque nuestros problemas sean severos, prometió con nosotros en ellos.

 

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2 comentarios en “¿PUEDE UN CRISTIANO DEPRIMIRSE?

  1. Es un bálsamo este escrito, yo también he orado con los salmos 6, 30, 31 en la mano, es difícil pasar por momentos de tristeza, más aún cuando un Pastor me dijo que era pecado y se cerró en eso, no entendía que sí puedo estar triste . Gracias al Señor y a tí por estas palabras.

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    1. Espero que los pastores no te quiten la alegría de vivir. A veces son un poco tontos, quieren demostrar muchas veces algo que no son. He sido pastor, y te digo que Dios puede ayudarte, aún en tu dolor. David dice “en tus manos están mis tiempos”. Dios no ha terminado contigo. Espero poder ser de bendición.

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