EL TIEMPO NO PASA, TE TRASPASA

tiempoDice el filósofo Nicolai Hartmann  que el tiempo no pasa, sino que nos traspasa. Es un concepto útil para los que estudiamos la historia y para quienes vemos pasar los calendarios con insólita rapidez. En forma más pedestre, el pastor David Daniels, a cargo de la Iglesia Bíblica Pantego de Tejas, Estados Unidos, relata en una predicación del mes de octubre que cuando le preguntan hermanos de otros países cuál es el principal problema de los creyentes en Estados Unidos, él contesta: “Muy ocupados”.

En cualquier ciudad latinoamericana como la mía (Buenos Aires) con 10 millones de almas, viajar en (tren, micro, camión, metro, bus, subte, colectivo) o como lo llamen en tu país, demanda hasta 2 horas ida y 2 horas vuelta. Conozco personas que toman hasta 3 medios de transporte, viajando como ganado para llegar a tiempo a sus trabajos.  Resulta que la gente se cansa más por viajar que por la tarea que desempeñan diariamente.

Veo esto:

  • Hermanos que no les gusta leer.
  • Hermanos que no se atreven a meditar y reflexionar.
  • Hermanos que no pueden tomarse tiempo para ellos mismos.
  • Hermanos que no pueden tomarse tiempo para conversar con otro creyente informalmente.

Esta es la fórmula para vivir una vida no meditada y reflexiva para que pueda aplicar lo que se escucha domingo tras domingo en los púlpitos de América Latina.

Paréntesis: Muchas veces lo que se escucha domingo tras domingo no es la meditación y aplicación de un texto bíblico, sino pastores que pinchan a sus congregaciones para que den más tiempo, más ofrenda, asistan a más reuniones, usando la culpabilidad o manipulación a gusto.  Cuando era niño mi abuela (en Galicia, España) me enseñó a guiar a la yunta de bueyes con un palo. Debía poner el palo sobre el yugo de los animales y guiarlos suavemente. Donde yo caminara, ellos me seguirían. Ese palo tenía un clavo en la punta. Ese clavo no era para guiar, sino para corregir si una vaca se iba al campo del vecino para comer las hortalizas. Yo, pequeño demonio urbano, usaba el palo para pinchar a los animales por detrás. Los pastores deben guiar a los hermanos al texto, y no pincharlos para que avancen. El gran predicador Spurgeon (que está en la boca de todos los bautistas, ¡solamente en la boca!) decía que se cazan más moscas con miel que con hiel. Cierro paréntesis.

Si no tengo un texto bíblico en qué pensar, si no tengo tiempo para hacerlo, si estoy cansado por la falta de tiempo, si no me gusta leer, si no puedo hablar libremente con un hermano, ya me dirá usted cuando tenga una crisis a quién le llevo el muerto. A Dios, claro. Pero no tengo herramientas para hacerlo por mi mismo. El chino de la esquina dice que es mejor enseñar a pescar, que dar el pescado en la boca.

Siempre se critica que los predicadores dicen el qué y nunca mencionan el cómo solucionarlo.

Veamos:

  1. Usar el tiempo que vivimos en transportes para pensar, reflexionar. Escuchar podcast es muy útil. Le recomiendo por ejemplo sermones expositivos de Samuel Pérez Millos (español, para más señas, gallego). Los puede encontrar AQUI. O Videoteca Cultural Evangélica AQUI donde podrá encontrar más de 600 sermones editados por libro de la Biblia o autor.
  2. Llevar un anotador, pedazo de papel donde he anotado un pensamiento escuchado el domingo. Sé que no es fácil. Este blog trata de dar material para que la gente reflexione. Usted no tiene que estar de acuerdo en todo.
  3. Leer un buen libro que me lleve a la Biblia y me enseñe a meditar. He leído muchos libros en medios de transportes.
  4. Animarme a memorizar un libro corto de la Biblia, verso por verso.
  5. Si puedo, tomar tiempo y un lugar donde pueda orar y meditar en mi hogar.
  6. Tener una comunión informal con hermanos en un café durante la semana, para hablar de bueyes perdidos y de la Palabra de Dios también. Hablar diez minutos luego del culto, porque el hermano debe ir a la casa de la suegra; o hablar de quién ganará ese domingo la copa de fútbol local, eso no es comunión. Tener en facebook un millón de amigos tampoco es la solución para la comunión bíblica. “Cor ad cor loquitur” dicen los latinos: el corazón habla al corazón. Cara a cara.
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