BROTE DE SINCERICIDIO

ImagenJosé Nuñez Diéguez

En una reunión de pastores que teníamos semanalmente un misionero americano tuvo un brote de sincericidio y nos contaba poniendo las manos entrelazadas en la nuca, y totalmente relajado que lo único para lo que sirven las iglesias de Estados Unidos es para dar plata. Se refería, claro, al malestar espiritual de esas congregaciones que le apoyaban, tanto en su ortodoxia, y quizá más en su ortopraxia. Viniendo de un misionero de larga experiencia y que ha recorrido los Estados Unidos visitando y promocionando su ministerio, es todo un dato. ¿Cómo se sentiría Ud. como pastor si buscaran su dinero para misiones, pero no aprobaran sus posiciones doctrinales? Sentirse usados, sería lo mínimo. ¿No sería más ético declinar la ofrenda? ¿Realmente el dinero es necesario para las misiones? ¿El dinero es la sangre que hace funcionar el cuerpo de Cristo? Un pastor me decía hace tiempo que sin dinero no se puede hacer la obra de Dios. Revisando en mi biblioteca encontré un librito de 160 páginas escrito en 1991 por el pastor Bruno Radi, Un Sistema de Movimiento: un manual para movilizar la iglesia de Jesucristo a un evangelismo agresivo. En el capítulo 2 viene hablando de tres problemas en las iglesias: el templismo, el clericalismo y el creyentismo. Al abordar la solución para el primer problema dice:

“No hablamos de abrir tres o cuatro templos nuevos. Esto sería imposible. No tenemos el dinero para hacerlo. Es más, no me gusta pensar en dinero para hacer impacto en mi generación. Porque si disponemos de una cierta cantidad de dinero, cuando se termina, ¿Qué pasa? Se termina también el impacto.

Comparemos esto con una ilustración sencilla. La visión es el auto. El dinero es el vagón. Muchas veces el automóvil puede ir sin el vagón o acoplado. Pero es común encontrar creyentes, pastores, juntas de iglesia local y hasta altos dirigentes eclesiásticos que han colocado el dinero como el automóvil y la visión como el vagón. Entonces dicen: “Hay dinero, entonces nos movemos porque el dinero nos moviliza”.

La visión debe ser el automóvil. Con vagón o sin vagón cumple igualmente su función. Con dinero o sin dinero igualmente quiero cumplir la Gran Comisión.

Sin ningún gasto, en San Pablo, Brasil, empezamos con 27 células de oración hace tres años. Hoy tenemos más de 100. Esto es impacto, movimiento. Tenemos que conquistar el mundo para Jesucristo y queremos hacerlo como él dice: “Id y predicad el evangelio, id y haced discípulos”. No dice, “con dinero”. Nosotros hemos cometido el error de agregarle: “Sólo si tienes dinero”.

En 70 años en nuestra denominación (Iglesia Nazarena) organizamos 350 iglesias en Sudamérica; esto representa 5 iglesias por año en toda Sudamérica. Entonces surgió el plan Cada uno gana uno; Cada iglesia planta otra iglesia; Cada pastor entrena otro pastor y en siete años se han comenzado más de 700 iglesias.

Puesto que durante 70 años recibíamos el dinero anualmente para pocos templos y la mayoría con dinero que provenía del extranjero, se construyeron pocos templos. Queremos afirmar que no debemos depender de los templos para conquistar nuestro mundo y nuestra generación”. 

Tomado de: Un Sistema de Movimiento, Bruno Radi, Publicaciones SAM, Quito, Mayo de 1991

El cartel reza: Iglesia Bautista pequeña Unión: “Si realmente amas  a Dios, demuéstralo con tu dinero”

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